Rafael López

“La Censura”

¿Quién tiene derecho a expresarse libremente en un medio público y quién no?, debemos cuestionar...

El saludo. Querida “República”: ¿cuál es el umbral que separa la censura de la defensa del interés de las audiencias? Pregúntate: ¿para qué sirven los medios públicos de comunicación? (financiados por el Estado mexicano), ¿quién tiene derecho a expresarse libremente en un medio público y quién no?, ¿quién lo determina?

El mensaje. Los espacios para sanar el debate en “La Cosa Pública” son cada vez más reducidos.

Semana a semana vemos como la vida democrática cede terreno ante el desprecio a la ley y las minorías. Muestra de ello, fue la reciente supresión de la entrevista realizada por Sabina Berman a Eduardo Verástegui, presidente del movimiento “Viva México”; programada y anunciada por el Canal 14 para transmitirse el 8 de enero y cancelada repentinamente.

Las reacciones no se hicieron esperar:

“No podemos callar las voces en un país donde supuestamente hay democracia; nos censuraron a Sabina y a mí”, denunció el entrevistado, quien se identifica como un activista de la “ultraderecha mexicana”.

¿La izquierda debe o no dialogar con otras ideologías?; mi postura es que sí”, precisó la conductora.

Por su parte, Lenin Martell, quien ostenta el cargo de defensor de las audiencias del Sistema Público de Radiodifusión de Estado Mexicano y a quien los directivos de Canal 14 solicitaron la revisión del material previo a su difusión, precisó que su labor no se reduce a los derechos vinculados a la misma y que esta decisión sin precedente “es parte de un nuevo sistema comunicativo; es parte de un ejercicio democrático”.

Independientemente de los perfiles -y cargas ideológicas- del entrevistado y la entrevistadora, la decisión de suprimirla abre un debate ulterior y necesario.

Desde una institución del Estado se determinó que los contenidos de dicha entrevista violaban los derechos de las audiencias, aludiendo fundamentalmente a su carácter discriminatorio.

Desde la sociedad debemos cuestionar por qué dichos criterios se pusieron por encima del derecho constitucional a la libertad de expresión. En los hechos, la supresión de esa entrevista fue un acto de censura y sentó un precedente muy peligroso para nuestra cada vez más reducida vida democrática -ya acostumbrada a la estigmatización desde el atril presidencial, al señalamiento de periodistas, a las mentiras, al linchamiento y la polarización-.

Argumentar desde el oficialismo que las audiencias necesitan un acompañamiento, para que las y los ciudadanos sean informados “adecuadamente”, es asumir -con todas sus letras- un papel de tutelaje.

La despedida. Querida “R.”: defienda tu voz hasta el último aliento y recuerda con George Orwell que “la libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír”.

La firma. Tu amigo: “El Discursero”.

PD. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

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