El saludo. Querida “República”: el avance, el progreso y el perfeccionamiento son valores que normalmente asociamos a la enseñanza. Pero cuando hablamos de políticas educativas, en el espectro de “La Cosa Pública”, dicha aspiración originaria se desvanece; el retroceso irrumpe al convertir la educación en un botín, en un espacio de poder, en un campo de batalla electoral e ideológico.
Es entonces cuando la frase “volver hacia atrás” deja de sonar absurda, convirtiéndose en una tragedia cotidiana que hipoteca el futuro de millones de estudiantes.
El mensaje. ¿Es sensato plantear un “nuevo humanismo mexicano” con menos educación?, ¿lo es proponer un nuevo modelo educativo haciendo a un lado el desarrollo profesional docente?
La destitución de Marx Arriaga, como director general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), reactivó la discusión pública en torno a un tema que, sexenio tras sexenio, suele mantenerse empolvado: el rumbo de la educación pública en nuestro país.
Su abrupta salida de la dependencia, incluso con el apoyo de agentes de la Policía de la CDMX, y su ulterior atrincheramiento destapó -citando al propio Arriaga- algo más que “las cloacas” de dicha institución.
Confirmó que, como antaño, las decisiones políticas siguen imperando en el proyecto educativo nacional; que los resultados medibles pasan a segundo plano, que las reformas se desmantelan por caprichos políticos, y que los parámetros ideológicos siguen priorizándose sobre los técnicos.
La promesa de una “nueva escuela mexicana” promotora de una educación popular y crítica, aliada del magisterio y comprometida con la justicia social, ha generado más ruido que resultados.
Comenzó por imponer su ideología en los planes y libros de texto; se dio tiempo de revivir las más añejas alianzas sindicales -empadronando a buena parte del magisterio en el oficialismo-; y lo hizo, desterrando la profesionalización docente, ignorando el énfasis internacional en la formación científica y tecnológica, reduciendo el presupuesto destinado a la educación y generando, con todo ello, un colapso educativo.
El retroceso lo revela la caída en la matrícula escolar; algo que no ocurría en nuestro país desde hace más de un siglo. La cobertura escolar bajó en todos los niveles educativos; hoy hay un millón y medio menos alumnos en las aulas que en el 2018. También hay menos recursos federales para las universidades autónomas, menos programas en inglés y menos escuelas de tiempo completo.
La despedida. Querida “R.”: ¿quién está alzando la voz por las y los estudiantes mexicanos?, ¿el sistema educativo actual busca formar o ideologizar ciudadanos?, ¿quién se encargará de su reconstrucción?
La firma. Tu amigo: “El Discursero”. PD. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

