Rafael López

El Pastel

Los hornos, al igual que los ánimos, están encendidos. Sí, ya comienza a hornearse el pastel electoral

El saludo. Querida “República”: los ánimos en “La Cosa Pública” están exacerbados. Y se debe, en buena medida, a las elecciones intermedias del próximo año.

Los hornos, al igual que los ánimos, están encendidos. Sí, ya comienza a hornearse el pastel electoral; y con él, “las patadas por debajo de la mesa” para repartírselo.

El mensaje. El pastel electoral del 2027 tiene su propio bizcocho, relleno y cobertura. Incluye candidatos a 17 gubernaturas, así como una gran cantidad de distritos electorales y representaciones en las cámaras alta y baja.

Es un pastel cuya cocción vendrá acompañada de altas temperaturas. Con enormes presiones provenientes desde Washington; con otras tantas derivadas de los intereses ocultos en la zona de Palenque, en Chiapas; y con muchas más provocadas por las ambiciones desmedidas de los principales actores del propio oficialismo.

Estará condimentado con encuestas a modo, alianzas, opositores y un gran número de distractores.

Pero este pastel no es como otros. Su principal “pastelera” (con A), sabe que la segunda mitad de su sexenio depende, en buena medida, de su capacidad para concentrarlo y distribuirlo.

Entiende, también, que su repartición va más allá de victorias o derrotas electorales; es un ejercicio que reconfigurará lealtades, que reordenará el poder y el mando.

Valdría la pena, y mucho, que la “pastelera” (con A) no solo se enfocara en quedarse con todo el pastel; en obtener el mayor número de votos, en controlar los tres poderes, en gobernar la mayoría de los estados, en eliminar los contrapesos, en dominar la narrativa y el discurso, o encabezar las encuestas.

Ojalá que su voluntad y su poder también le alcanzaran para cambiar de receta y priorizar lo que más importa y le duele al país; cambiar las fisuras estructurales sostenidas por la corrupción y la impunidad del presente: el debilitamiento del Estado de Derecho, el contubernio con el crimen organizado, el escaso crecimiento económico, el colapso del sistema de salud, el enorme rezago educativo, la creciente dependencia de los programas sociales, la disminuida vida democrática e institucional.

El dilema sigue siendo el mismo, en gran parte del país: el de una clase política completamente enfocada en “repartirse el pastel” y no, como deberían, en hacerlo crecer y distribuirlo justa y equitativamente. Las migajas, parece, seguirán siendo para las y los ciudadanos.

La despedida. Querida “R.”: en muchos momentos “La Cosa Pública” nos ha enseñado que el poder, cuando es excesivo, dura poco; pues como decía Honoré de Balzac, “todo poder es una conspiración permanente”. Reflexiónalo, pondéralo y ¡disfruta tu próximo pastel!

La firma. Tu amigo: “El Discursero”.

P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

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