El saludo
Querida “República”: en estos tiempos convulsos, vale la pena recordar a uno de los detectives más famosos de la literatura: Sherlock Holmes, personaje creado por Arthur Conan Doyle y célebre por su capacidad de observación, análisis y deducción.
Para Holmes, ningún indicio era menor. Una pista podía parecer insignificante; pero observarla, seguirla y descubrir qué había detrás de ella era el primer paso para resolver un misterio.
Hoy, en “La Cosa Pública”, parece ocurrir exactamente lo contrario.
El mensaje
Lejos de seguir los indicios, “el oficialismo” suele optar por ignorarlos. Y, sobre todo, por desconocerlos.
Semana tras semana aparecen escándalos acompañados de señales suficientes para, al menos, justificar una investigación. Pero también aparece un patrón: la falta de voluntad política para hacerlo.
Se descalifican versiones antes de corroborarlas, se descartan testimonios sin investigar su origen y se apresuran conclusiones sin seguir las pistas que podrían conducir a otras pruebas.
El caso más reciente es ilustrativo. La Fiscalía General de la República calificó como “información falsa” las versiones periodísticas sobre la existencia de testigos protegidos que habrían señalado a Andy López Beltrán por delitos relacionados con el llamado “huachicol fiscal”. La propia dependencia precisó que no cuenta con datos de prueba con “la fuerza legal necesaria” para iniciar una indagatoria.
Pero aquí conviene distinguir algo: un indicio no es una prueba, ni una prueba equivale a una sentencia. Precisamente por eso existen las investigaciones: para corroborar, descartar o encontrar nuevos elementos.
Como ha señalado la periodista Peniley Ramírez, la Fiscalía no negó expresamente la existencia de indicios; sostuvo que no cuenta con elementos con “la fuerza legal necesaria” para iniciar una indagatoria.
Y ahí está el problema. Porque existen señalamientos, versiones periodísticas, supuestos testimonios y diversas investigaciones que plantean preguntas sobre posibles redes políticas y empresariales. Nada de ello prueba por sí mismo la comisión de un delito; pero tampoco debería ser razón para cerrar el asunto antes de esclarecerlo.
Y el patrón no es nuevo. ¿Acaso no hubo indicios sobre el actuar de Rocha Moya, Augusto López o García Luna? ¿No los hubo antes de los desfalcos de Segalmex, Odebrecht o la Estafa Maestra?
El problema, entonces, no es que un indicio sea una prueba. Es que, cuando investigar puede incomodar al poder, parece más conveniente no seguir la pista.
La despedida
Querida República: Holmes sabía que un indicio no condena, pero sí obliga a investigar. Cuando el poder decide no seguir la pista, también está tomando una decisión.
La firma
Tu amigo: “El Discursero”.
P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.