Rafael López

El Error

El saludo

Querida “República”: desde muy temprano aprendemos que equivocarse es parte de la condición humana. Vivimos rodeados de decisiones desacertadas, juicios erróneos y conceptos equivocados; es el precio de nuestra libertad para elegir.

Con el tiempo entendemos que hay errores de distintos tamaños y consecuencias. Lo que pocas veces aprendemos es a convivir con ellos.

El mensaje

En “La Cosa Pública”, el error suele convertirse en espectáculo; genera escándalo, morbo, señalamientos, reflectores, “vistas” y “memes”. Y los errores no corregidos, tienen costos políticos.

El problema es que el “oficialismo” no sabe convivir con el error. Por eso sus protagonistas suelen ocultarlo, justificarlo, transferirlo o estigmatizar a quien lo señala; todo, menos reconocerlo.

Más allá de colores partidistas, toda administración comete errores. Algunos nacen de la falta de planeación, previsión o capacidad técnica; otros, de la opacidad, la ausencia de contrapesos, la falta de voluntad política o, incluso, del dolo. Cuando salen a la luz, son objeto de cálculo político.

Sin embargo, los errores acumulados recientemente por el “oficialismo”, junto con las señales que llegan desde Washington, comienzan a dibujar un escenario distinto: la protección política construida durante los últimos años parece mostrar señales de desgaste.

Por eso sería un error reducir la preocupación sobre la relación entre política y narcotráfico en México a una simple obsesión de la administración “trumpista”.

Sería un error ignorar las investigaciones y señalamientos provenientes de Estados Unidos, mientras se sigue respaldando a personajes impresentables cercanos al poder.

Sería un error minimizar el deterioro de la relación comercial con nuestro principal socio económico; la desconfianza, que comenzó a crecer desde la reforma al Poder Judicial, hoy alcanza a inversionistas, organismos internacionales y mercados.

Sería un error seguir descuidando el T-MEC y poner en riesgo una de las mayores oportunidades económicas de nuestra generación; sin certeza jurídica, la relocalización de inversiones puede frenarse o buscar otros destinos.

Sería un error que la oposición continúe inmóvil, incapaz de capitalizar los desaciertos del “oficialismo” y, peor aún, sin ofrecer una alternativa creíble de país.

Y sería un error que las y los ciudadanos sigamos viendo el error como algo ajeno. La democracia también se aprende reconociendo los errores, señalándolos, castigándolos cuando corresponde y, sobre todo, aprendiendo de ellos.

La despedida

Querida “R.”: no te estaciones en el error; reconócelo, aprende de él y sigue adelante. Después de todo, equivocarse forma parte de la búsqueda permanente de la verdad.

La firma

Tu amigo: “El Discursero”.

P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

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