El saludo. Querida “República”: el dominio, el mando, la preponderancia e, incluso, la perpetuidad, son nociones asociadas al afán de control en “La Cosa Pública”. Son conceptos que, peligrosamente, revela la reforma electoral perfilada desde el oficialismo.
El mensaje
Es sabido que las “mayorías del momento” —independientemente de colores partidistas—, no reconocen temporalidad ni transitoriedad alguna.
Lo que hoy resulta desconcertante es que, ante una “narrativa oficialista guinda” que día con día pierde terreno frente a la realidad, su renovado afán sea de tipo hegemónico.
Si bien la propuesta de reforma electoral aún no ha sido presentada por parte del oficialismo, la propia presidenta Sheinbaum ya anunció que entre sus disposiciones se encuentra la reducción de gastos en los partidos políticos, en el costo de las elecciones y las instituciones electorales, además de cambiar la forma en la que serán elegidos los legisladores de representación proporcional.
Entre los argumentos para defender dicha propuesta se anuncian el adelgazamiento del sistema por voluntad popular, la eliminación de la burocracia con menos políticos y la multicitada austeridad republicana.
A primera instancia suenan bien, pero quedan muchas preguntas en el aire: ¿se trata de un ajuste meramente administrativo o de una estrategia para concentrar el poder político? ¿La mayor dependencia del dinero privado garantizará que éste se encuentre debidamente fiscalizado? ¿La posible eliminación del fuero se acompañará del trabajo de fiscalías autónomas? ¿La preponderancia de las mayorías artificiales fortalecerá nuestra democracia? ¿La austeridad sigue siendo un argumento sostenible “en boca” de los gobiernos que peor han gastado y más nos han endeudado? ¿A quién le conviene acotar las minorías y debilitar la pluralidad? ¿A quién realmente beneficiaría empalmar la revocación de mandato con las elecciones intermedias del 2027?
Mientras surgen estas y otras preguntas, el SNTE y Morena anuncian que un millón 250 mil maestros sindicalizados decidieron “voluntariamente” sumarse a las filas del partido oficialista, reviviendo un corporativismo añejo que creíamos superado.
La presidenta Sheinbaum recientemente —quizá inconscientemente— retrató la “visión democrática” —el afán de control— del oficialismo guinda, en un mensaje que dirigió a estudiantes de secundaria: “el pueblo tiene que seguir activo porque esta transformación hay que defenderla, no pueden llegar nuevos gobernantes que regresen al pasado porque hay derechos que se han ganado”.
La despedida
Querida “R”: recuerda que aceptar límites es un sano ejercicio democrático; porque, como bien dijo Lord Acton: “el poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente”.
La firma
Tu amigo: “El Discursero”.
P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del
sobre amarillo.

