Rafael López

El cerco

Toda esta trama del ascenso, descenso y blindaje del “soldado de la 4T” es por la sombra del obradorismo

El saludo. Querida “República”: la reducción de espacios de maniobra, el señalamiento que ciñe, el rumor que rodea, el asedio de propios y extraños son señales que no pasan desapercibidas en La Cosa Pública.

El mensaje

El “cerco político” se manifiesta de formas muy diversas, pero persigue un mismo objetivo: limitar; este tipo de interferencia se ejerce lo mismo sobre un gobierno, que sobre un actor político.

La presión que produce el cerco proviene, lo mismo, de opositores y “aliados”; de agentes nacionales e internacionales; de élites económicas y grupos de poder; de filtraciones, de medios de comunicación y “comentócratas”; de atajos y contubernios con el crimen organizado. Su efecto, independientemente de su origen, conlleva miedo y desestabilización.

Es el tipo de “sacudida” que hoy se percibe en el oficialismo, después de que Adán Augusto López dejara la coordinación del grupo parlamentario de Morena, tras mucho ruido y no menos escándalos; desde señalamientos por omisiones durante su gobierno en Tabasco —con su exsecretario de seguridad presuntamente vinculado a la delincuencia organizada y al robo de combustible—, pasando por gastos sin escrutinio durante su precandidatura, hasta conflicto de intereses y otras irregularidades.

La “salida digna” que le ofrecieron —tras un cerco evidente a su poder político— fue la impunidad, encomendándole tareas electorales y de organización territorial rumbo a las elecciones del 2027 —acaso actos anticipados de campaña—; manteniendo su fuero como senador, sin ser investigado y sin rendir cuentas. Tal como ha ocurrido con muchos protegidos del régimen.

Lo curioso es que es el propio López Hernández, atribuyó el desgaste de su imagen —su cerco— a una campaña interna de compañeros de su movimiento y de la oposición; a quienes, comentó, tiene plenamente identificados.

Lo cierto es que toda esta trama del ascenso, descenso y blindaje del autonombrado “soldado de la 4T”, solo se puede explicar bajo la sombra del “obradorismo”.

Lo real es que este cerco provino de uno mayor, implementado desde Washington; uno que tiene por objetivo atacar la estructura de protección política que prevalece en México hacia las organizaciones criminales. Es un cerco que, mes con mes —llamada tras llamada—, juega a “la zanahoria y el garrote” desde la Casa Blanca; que genera, por igual, elogios y medidas de presión sobre la presidenta Sheinbaum; que mantendrá a más de un “hermano” en el encierro; que seguirá desgastando estructuras de poder y evaporando lealtades.

La despedida

Querida “R.”: mientras los cercos se siguen cerrando en “La Cosa Pública”, recuerda con Nietzsche que “un político divide a las personas en dos grupos: en primer lugar, instrumentos; en segundo, enemigos”.

La firma

Tu amigo: “El Discursero”.

P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

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