Rafael López

El Árbitro

El saludo

Querida “República”: ¿te imaginas un partido de futbol sin árbitro?, ¿o una elección sin autoridad electoral? Suena a un nivel de civismo muy alto, uno que ni siquiera imaginamos.

El mensaje

No hace falta ser aficionado al futbol ni experto en derecho electoral para entenderlo: un árbitro que no garantiza imparcialidad ni autonomía deja de ser un buen árbitro.

Como en un partido de futbol, la democracia necesita una autoridad que aplique las reglas del juego. Pero no solo eso: debe vigilar conductas, revisar faltas y hacerlo con un mismo criterio para todos.

En el futbol, cuidar la integridad del árbitro es cuidar el juego; y en democracia, cuidar al árbitro es cuidar también la concordia nacional.

Velo así. Cuando el árbitro favorece claramente a un equipo, deja de ser árbitro y se convierte en protagonista; le roba al juego su esencia. Cuando la autoridad electoral pierde credibilidad, sucede algo parecido: se debilita su capacidad para garantizar equidad, fiscalizar a los partidos y proteger los derechos de quienes participan en la contienda.

Y aquí comienzan las dudas. El INE que encabeza Guadalupe Taddei ha renovado, durante este año, buena parte de sus direcciones ejecutivas y unidades técnicas, incluidas áreas estratégicas. Son decisiones que la propia institución ha justificado por razones de experiencia y capacidad técnica, más allá de la cercanía con el “oficialismo” por parte de algunos funcionarios. Lo cierto es que, en un árbitro electoral, no basta con tener atribuciones: también importa la confianza que generan sus decisiones.

Algo similar ocurre con los actos anticipados. Dentro del propio Consejo General se ha cuestionado la falta de medidas específicas para regularlos, mientras el proceso electoral ya está en marcha. No es un detalle menor cuando la equidad debe cuidarse desde el primer día.

Y está también la imagen. El pasado 10 de septiembre, durante el arranque formal del proceso electoral federal 2026-2027, estuvo presente la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, en representación de la presidenta de México. Su presencia puede explicarse institucionalmente; pero tampoco es irrelevante para un árbitro cuya principal fortaleza es ser percibido como independiente de los jugadores.

A menos de un año de la jornada electoral, las señales importan. No porque anticipen un resultado, sino porque pueden construir o erosionar la confianza en quien deberá hacer cumplir las reglas.

La despedida

Querida “R.”: en un juego donde todos deben respetar las reglas, la primera obligación del árbitro es no generar dudas sobre de qué lado está. ¿Podemos esperar un juego limpio?

La firma

Tu amigo: “El Discursero”.

P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

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