Queridos una vez mas No Te Va Gustar en nuestro país, convierte tres décadas de escenarios, pérdidas y canciones en un legado vigente.
Cuando el caos se convierte en canción
Hay bandas que sobreviven al tiempo y otras que consiguen algo mucho más complejo: crecer sin perder identidad. No Te Va Gustar pertenece a esa segunda categoría. Lo que comenzó en Montevideo, en 1994, con un grupo de adolescentes reunidos para tocar en un festival barrial, terminó convirtiéndose en una de las propuestas más sólidas del rock latinoamericano.
Tres décadas después, Emiliano Brancciari, voz y guitarra, sigue entendiendo la música como refugio y escenario como transformación. No es una frase hecha. La historia de NTVG demuestra que detrás de cada canción existen años de carretera, cambios, pérdidas, discusiones, aprendizaje y una convicción fundamental: seguir tocando.
Una banda que decidió no convertirse en su propio tributo
Florece en el caos, su nuevo álbum, llega después de cinco años y representa una evolución natural más que una ruptura. El material nació desde una concepción más directa: una guitarra, una voz, una idea grabada en un teléfono y, posteriormente, ocho músicos trabajando alrededor de una misma canción.
Ahí está uno de los secretos de la banda. No se trata de demostrar quién tiene la razón, sino de encontrar qué necesita la canción. Rock, reggae, ska, candombe, murga y folk conviven en una identidad que jamás ha necesitado encerrarse en una etiqueta.
Brancciari lo resume desde una perspectiva que explica buena parte de la longevidad del grupo: no convertirse en un tributo de lo que fueron. La nostalgia puede llenar un concierto, pero no necesariamente construye futuro. NTVG parece decidido a mirar hacia adelante sin renunciar a los clásicos que el público convirtió en patrimonio emocional.
Tres décadas después, el rock sigue vivo
Foros han acompañado a esta banda que combinó las canciones de Florece en el caos con temas que ya forman parte de la memoria colectiva de Uruguay y Argentina.
Lo más significativo quizá es la convivencia generacional. Seguidores históricos compartiendo espacio con jóvenes que descubren ahora sus canciones. Padres que llevan a sus hijos. Un público que confirma que el rock no desapareció: simplemente aprendió a convivir con nuevas formas de consumo musical.
La historia de NTVG también está marcada por momentos dolorosos. La muerte de Marcel Curuchet, tecladista de la banda, en 2012 puso en duda la continuidad del proyecto. Decidieron seguir. El escenario se convirtió entonces en una forma de duelo y, posteriormente, de reconstrucción.
Hoy la banda mira hacia nuevos territorios. Su gira internacional contempla distintos países de América y Europa, mientras Japón permanece como uno de esos sueños pendientes.
Después de 32 años, No Te Va Gustar tiene una certeza que pocas agrupaciones pueden defender con autoridad: el rock sigue respirando cuando existen canciones capaces de atravesar generaciones. El caos no desapareció. Ellos aprendieron a convertirlo en música. Soy Pollorock, una cota la próxima semana.