El poder tiene una enfermedad silenciosa. No hace ruido ni deja señales visibles, pero termina por incapacitar a quien la padece. Se llama soberbia.
Aparece cuando las encuestas favorecen, cuando la ventaja “parece irreversible”. Cuando los líderes políticos se ciegan.
En Querétaro, el PAN llega hoy (casi) al umbral de la elección de 2027 con una ventaja cercana a los 20 puntos sobre Morena.
Esa fortaleza, paradójicamente, es también su mayor riesgo.
La historia política demuestra que los partidos no suelen perder cuando están débiles, sino cuando se sienten invencibles.
Se disparan en el pie.
Querétaro vivió una “Decena Trágica” que exhibe ese balazo homicida.
En 2009 gobernaba Francisco Garrido. Ricardo Anaya, a los 30 años de edad (de “casquete corto”), se convirtió en el hombre más influyente del sexenio. Operó y colocó a Manuel González Valle como candidato, y fue el director de su campaña (y de todas las del estado).
Tomó al débil Manuel. Lo atropelló, le pasó por encima. Esa soberbia hizo humo una ventaja de 23 puntos. Perdió ante la extraordinaria campaña ciudadana de Pepe Calzada Rovirosa.
Seis años después, José Calzada (por cinco años calificado como el mejor gobernador de México) decidió que Roberto Loyola Vera fuera el candidato.
Al abogado (hoy notario) lo perdió una soberbia que no tiene color político, pero es la misma que hunde parejo. Realizó una malísima campaña. No le hizo caso ni a Pepe, y Pancho (un rockstar en la calle) le pasó por encima.
En 12 años se hundieron los candidatos soberbios.
Querétaro no perdió. Pepe y Pancho consolidaron esa continuidad que hoy no debemos perder.
La lección: el poder no se hereda. En Querétaro no gana (necesariamente) quien gobierna; gana quien conecta.
La ciudadanía vota por liderazgos reales. Cercanía y credibilidad.
Morena hoy no representa una amenaza electoral sólida. Está dividido, sin liderazgos locales consolidados y con una narrativa nacional que lo ahoga tras siete años de un mal gobierno, cercano a la delincuencia electoral y con insultantes ejemplos de corrupción. No encaja con la identidad queretana.
El escenario favorece al PAN, pero ninguna encuesta protege contra la soberbia.
El gobernador Mauricio Kuri llama a trabajar en la calle. Saca a mil funcionarios y advierte que quien quiera ser candidato se lo tiene que ganar ahí.
Nada podría impedir una victoria del PAN en 2027, salvo una catástrofe interna: una imposición sin competitividad, una fractura pública o una campaña desconectada de la sociedad.
En política, como en la vida, quien va adelante debe caminar con más cuidado, porque basta un solo desatino para convertir una elección ganada en una derrota inolvidable: un balazo en el pie.
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