Pedro Pablo Tejada

Más becas… y más ninis

La movilidad social sólo la generan la educación de calidad, el empleo y las oportunidades

La política pública no se mide por sus buenas intenciones. Se mide por sus resultados. No por los discursos mañaneros. Por los números. Y los (otros) datos cuentan una historia incómoda para la llamada Cuarta Transformación.

En 2025, el gobierno federal destinó cerca de 187 mil millones de pesos en becas educativas; la cifra más alta de la historia del país para este rubro. Nunca se había transferido tanto dinero directamente a estudiantes. La lógica parecía impecable: más becas significan menos deserción escolar y más oportunidades para los jóvenes. Pero la realidad camina en sentido contrario.

De acuerdo con datos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), México mantiene una tasa cercana al 20% de jóvenes que no estudian ni trabajan, los llamados “ninis”. El promedio de las economías desarrolladas es apenas del 12%.

Detrás de ese porcentaje hay una cifra brutal: 6.3 millones de mexicanos entre 15 y 29 años permanecen fuera de las aulas y fuera del mercado laboral.

La pregunta es inevitable.

¿Cómo es posible que el país registre el mayor presupuesto para becas de toda su historia y al mismo tiempo conserve uno de los peores indicadores de exclusión juvenil entre las naciones desarrolladas?

El dinero no resuelve. Ni mantiene a los jóvenes estudiando. Las becas pueden pagar transporte. Pueden comprar útiles. Pueden aliviar el gasto familiar. Pueden incluso evitar temporalmente que un estudiante abandone la escuela. Lo que no pueden hacer es sustituir una educación de calidad.

Tampoco pueden generar empleos formales.

Mucho menos construir proyectos de vida.

México sigue atrapado en problemas estructurales que ninguna transferencia bancaria corrige. La informalidad absorbe millones de jóvenes sin perspectivas de crecimiento. Las escuelas permanecen desconectadas de las necesidades reales del mercado laboral.

Las diferencias educativas entre regiones siguen siendo enormes. Y miles de estudiantes simplemente no encuentran razones suficientes para permanecer en un sistema que perciben lejano a sus aspiraciones.

La investigadora Jimena Hernández, de la Universidad Iberoamericana, lo resume de forma contundente: los jóvenes encuentran pocos incentivos para mantenerse vinculados a la escuela.

Ahí está el verdadero desafío. La asistencia social puede aliviar la pobreza. La movilidad social sólo la generan la educación de calidad, el empleo y las oportunidades.

Después de invertir 187 mil millones de pesos, México sigue teniendo 6.3 millones de jóvenes esperando una oportunidad. Y ningún depósito bancario puede reemplazar el valor de un aula que inspire, de una empresa que contrate o de un país que ofrezca futuro. Porque las becas pueden aliviar una necesidad inmediata. Lo que no pueden hacer es fabricar futuro.

@PedroPabloTRica

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