Envalentonados por una marca que vive del resentimiento, construida por un expresidente Andrés Manuel López Obrador, que abrazó a los delincuentes y se gastó 1 billón 178 mil millones de pesos en sus caprichos infuncionales, el Tren Maya, la refinería Dos Bocas y el Aeropuerto Felipe Ángeles, los morenistas de Querétaro son rémoras de ese turbio guinda.
El radicalismo de una tribu, la del comandante Gilberto Herrera Ruiz, los estrangula.
El “científico”, que entre ser senador y hoy diputado federal ya se embolsó 8.5 millones de pesos en sueldos. Los demás viven arrinconados.
Sin liderazgo.
Actuando a conveniencia personal.
Nadie ordena.
Nadie unifica.
El partido es una Torre de Babel manejada al antojo de Gilberto Herrera.
Instruidos o no, la única señal de madurez política mostrada hasta hoy fue aprobar el presupuesto que envió el gobernador Mauricio Kuri al Congreso local.
Las tribus son irreconciliables.
La banda de Gilberto golpea y hace lodo y campaña negra contra sus propios diputados. Les llama “Radicales de Raíz”. Está muy molesto porque aprobaron el presupuesto.
Hasta sus chalanes legisladores le dieron la espalda. Porque la orden de aprobar el presupuesto vino de muy arriba. Donde no llega ninguno de los infelices provincianos locales.
El grupo contrario, el de los legisladores, les respondió. “A los ogts de Gilberto”, asegura el diputado Ulises Gómez de la Rosa en su Facebook, replicando la ilustración y cambiando el título a “Violentos de Raíz”.
Tildan a Herrera Ruiz de traidor por votar contra la Ley de Agua propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Santiago Nieto Castillo, aquel brillante funcionario lopezobradorista cesado tras tener una boda fifí en Antigua, Guatemala, es otro frente. Usa el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual para promocionarse. Le da marca a la queretana muñeca Lele.
Viene a Querétaro ante cualquier invitación y se promociona. Sigue con su oficina en el edificio Levant, por el Colegio Álamos.
Perdido entre todos está el otro diputado federal, Luis Humberto Fernández, quien como todos presume ser cercano a una Presidenta que siente más empatía por el gobernador Kuri que por cualquiera de ellos.
Morena es un desastre irreconciliable. Si a la Presidenta o a Luisa María, su alcaldesa, les interesara Querétaro, ya hubieran puesto orden. Los dejan ahogarse en sus complejos. Y les arde aceptar que perderán aquí en las elecciones de 2027.
A los queretanos no les gustan estos radicales de ocasión.
Rémoras de una marca que tiene a México con el peor índice de crecimiento económico en los últimos 25 años, apenas 0.5%.
Y con la más alta percepción de inseguridad, 200 mil homicidios dolosos, en un país copado por cárteles que imponen condiciones y autoridades en miles de municipios.
Sin el tema político de una marca que repartirá este año 1 billón de pesos en ayudas sociales, seamos honestos, alguno de estos morenistas queretanos viviría de la política.
No.
Muchos de ellos estarían desempleados.

