Desde mi perspectiva, la pandemia por el virus SARS-CoV-2 no representó ninguna “oportunidad”, pues causó la muerte de alrededor de 15 millones de personas y el sufrimiento de otras más (ONU). Fue, más bien, una desgracia.
La vida escolar, como ya ha sido documentado ampliamente, se trastocó profundamente por la forzada clausura. Contrario a lo que señala la sociología tradicional, el espacio escolar sí importa. No todo depende del contexto socioeconómico. Por ello, no pocas madres y padres de familia deseaban que sus hijas e hijos regresaran a la escuela de manera presencial. Advertían que no se aprendía igual en casa.
Regresar a clases fue una demanda creciente en todo el mundo, aunque pocos gobiernos sabían cómo hacerlo de una manera óptima en que se mantuviera, por un lado, la salud física de los educandos y docentes, y por otro, la motivación por aprender. ¿Cómo íbamos a organizarnos dentro de nuestras escuelas al volver a clases? ¿Qué realmente hicimos?
La Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu) nos ayuda a responder a esta última pregunta al publicar el informe intitulado Modelo híbridos en educación primaria. Experiencias de adaptación, desafíos educativos y aprendizajes planteados por la pandemia ante el regreso a clases, https://www.mejoredu.gob.mx/
Pese a las limitaciones de la investigación, el reporte es valioso y merece discutirse públicamente. En primer lugar porque muestra que algunas comunidades escolares no permanecieron incólumes al nuevo escenario de un regreso a clases muy complicado.
Basándose en 16 entrevistas con 39 docentes de cuatro estados del país (Chiapas, Coahuila, Jalisco y Puebla), parece que algunos colectivos docentes sí tuvieron la libertad de imaginar y poner en marcha estrategias para atender al estudiantado de manera diferenciada.
De hecho, Mejoredu identifica seis formas distintas de organizarse en la modalidad híbrida y cada una consideraba distintas situaciones. Por ejemplo, la decisión de madres y padres de familia de no enviar a sus hijos a la escuela y por lo tanto, la necesidad de trabajar completamente a distancia con este grupo, la dosificación de contenidos, la reorganización semanal, el nivel de aprendizaje y las necesidades de acompañamiento. Hubo entonces una adaptación “desde abajo” ante la emergencia.
Sin embargo, la libertad mostrada por las comunidades escolares pronto empezó a restringirse debido al poco apoyo ofrecido por la autoridad educativa. De acuerdo con Mejoredu, “no se establecieron claramente orientaciones pedagógicas y didácticas específicas que ayudaran a la adaptación del modelo híbrido en educación primaria. El desafío de adaptar una estrategia híbrida que posibilitara el regreso a clases presencial recayó principalmente en los docentes”.
Pese a esta observación basada en sus propios hallazgos, Mejoredu no retoma el punto del nulo apoyo de la autoridad educativa en sus “recomendaciones de política” y vuelve a recargarse en lo que debe hacer el maestro, así como en lugares comunes sobre acceso a la tecnología. Lo que más bien otros leemos es que a pesar de haber innovación y libertad en las escuelas, en las alturas, ciertos gobiernos no saben cómo apoyar a las comunidades escolares. La pandemia entonces nos “cayó como anillo al dedo” para conocerlos y tomar previsiones oportunamente.
























