Paul Ospital Carrera

Petróleo y sexenios desperdiciados

Llegamos con una empresa más endeudada y un margen fiscal comprometido

Durante años se ha demostrado que el gran error de los gobiernos del PAN fue no haber aprovechado el boom petrolero de inicios de los 2000. Que Vicente Fox recibió una mesa servida por el alza del petróleo y la desaprovechó entre cobardía política, captura de intereses y falta de visión. Esa narrativa caló hondo: el excedente petrolero se volvió el símbolo perfecto de la oportunidad desperdiciada.

Lo irónico es que, dos décadas después, Morena construyó meticulosamente las condiciones para repetir la historia. Cuando por fin regresa un choque petrolero que podría ser palanca de transformación, llegamos mal parados: con una empresa más endeudada, una apuesta carísima en refinación cuestionable y un margen fiscal comprometido. Es como si el país hubiera aprendido la lección… al revés.

Vale la pena recordar de dónde venimos. A principios de los 2000, el mundo entero se sacudió por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y las guerras contra el terrorismo. El barril pasó de niveles de 30 dólares a coquetear con los 100 en pocos años. México, todavía cerca de su pico de producción, vivía de Cantarell y de la ilusión de que el petróleo era una bendición inagotable. El presupuesto se hacía con un precio de referencia conservador y, año tras año, el precio observado dejaba “excedentes”. Esas palabras, excedentes petroleros, se volvieron fetiche tecnocrático y botín político al mismo tiempo. Se destinaron recursos a gasto corriente, programas sociales, parches de infraestructura, algo a fondos de estabilización, pero no a resolver el problema de fondo: la dependencia fiscal del petróleo y la fragilidad de Pemex.

No fue solo un desliz de gestión; fue una falla estratégica. En lugar de usar el boom para construir una base tributaria no petrolera más robusta, aliviar la carga fiscal de Pemex, invertir agresivamente en mantenimiento, exploración y modernización, se siguió ordeñando a la empresa como si Cantarell nunca fuera a declinar. No hubo reforma fiscal integral ni reforma energética de fondo. Se desperdició la oportunidad de convertir una renta extraordinaria y transitoria en capacidades permanentes. México llegó a la segunda mitad de la década con un Pemex debilitado, un fisco aún enganchado al crudo y un colchón de ahorro muy por debajo de lo necesario para la tormenta que vendría. La crítica a Fox, en ese sentido, es justa: se administró la bonanza, pero no se transformó el modelo.

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