Olmo Martínez

Texcoco: La feria donde la tauromaquia sigue respirando historia

En un país taurino que a veces parece empeñado en olvidar sus símbolos, Texcoco insiste en recordar

En el calendario taurino mexicano hay plazas que anuncian corridas… y hay plazas que anuncian memoria. Texcoco pertenece a las segundas.

La reciente presentación de los carteles taurinos oficiales de la Feria Internacional del Caballo Texcoco 2026 confirma, una vez más, que la Plaza Silverio Pérez volverá a ser uno de los epicentros de la temporada grande de provincia. El serial quedó integrado por cuatro corridas en sábados consecutivos, arrancando el 14 de marzo con José Mauricio, Arturo Saldívar y Fermín Armillita IV, ante toros de Gómez Valle; siguiendo el 21 de marzo con una corrida mixta benéfica de la Fundación Los Ángeles Taurinos con el rejoneador André, Luis David, El Galo y la novillera Miriam Cabas, con ejemplares de La Asunción y Espíritu Santo; el 28 de marzo con Calita, Arturo Gilio y Bruno Aloi frente a Vistahermosa; y el 4 de abril con Octavio García El Payo, Héctor Gutiérrez y Eduardo Neyra, quien tomará la alternativa, con toros de San Pablo.

Pero más allá de las combinaciones, lo verdaderamente importante en Texcoco no está sólo en el papel.

Está en el simbolismo. Porque hablar de Texcoco es hablar de una feria que no se entiende sin el toro. La Feria Internacional del Caballo nació formalmente a finales de los años 70 —con antecedentes regionales previos— y desde sus primeras ediciones unió dos pulsos profundamente mexicanos: la cultura ecuestre y la fiesta brava. Con el paso del tiempo, esa mezcla la convirtió en una de las ferias más reconocidas del país, al lado de los grandes circuitos nacionales.

La Silverio Pérez no es una plaza cualquiera. Es un lugar donde aún se escucha el eco de un apellido que marcó época, donde el aficionado llega sabiendo que no sólo verá un cartel, sino que entrará en una historia. Y en un país taurino que a veces parece empeñado en olvidar sus símbolos, Texcoco insiste en recordar.

Que vengan los clarines.

Que se abran los chiqueros.

Porque mientras exista la Feria del Caballo, Texcoco seguirá siendo una de las capitales sentimentales de la tauromaquia mexicana.

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