En tiempos donde muchas tradiciones enfrentan cuestionamientos, la tauromaquia queretana no se apaga… resiste, se adapta y, en mayo, vuelve a latir con fuerza. No desde la nostalgia, sino desde la convicción de que sigue siendo parte viva del tejido cultural de la región.
El 2 de mayo, en Amealco de Bonfil, la fiesta brava tendrá un capítulo especial dentro de la Feria Amealco 2026. No se trata de un festejo cualquiera. Es, en muchos sentidos, un acto de voluntad: empresarios, toreros y aficionados que apuestan por mantener encendida una tradición que ha dado identidad a generaciones enteras.
El cartel, bien armado y con sabor local, reúne a los rejoneadores José F. y Javi Funtanet, acompañados por los Forcados Queretanos y de Juriquilla. A pie, jóvenes promesas como José Andrés Origel y Miguel Selem, junto al becerrista Santi Peláez, se enfrentarán a ejemplares de la ganadería El Batán, asentada en tierras amealcenses. Una combinación que mezcla experiencia, juventud y arraigo.
Pero hay algo más profundo en este festejo: su causa. En vez de boletos, la entrada será con donativos en especie para el DIF municipal. Es decir, la tauromaquia no solo se vive, también se comparte. Se convierte en puente solidario entre la tradición y la comunidad, entre el espectáculo y la responsabilidad social.
Amealco no es un caso aislado. En Pedro Escobedo, el mensaje es claro: la tauromaquia y la charrería siguen siendo pilares culturales. En el marco de la Feria del Grano y la Cantera, se reivindica el derecho a preservar las expresiones que han dado identidad a la región. No como imposición, sino como ejercicio de libertad cultural.
Mayo se perfila así como un mes simbólico. No es solo el calendario; es el momento en que la tauromaquia queretana vuelve a tomar aire, a reconectar con su gente y a recordar que sigue ahí, viva, vigente y dispuesta a defender su lugar en la cultura.