Olmo Martínez

Juriquilla: historia de una muerte anunciada

Desde que se cerró la México sabíamos que las demás plazas estaban en peligro de repetir el mismo patrón

“No voy a hablar más de lo que ya se ha dicho”, terminaba mi última colaboración en estas páginas, esperando que ocurriera algo que, siendo honestos, era muy difícil.

La corrida en Juriquilla la mató un solo español.

Esta media semana ha sido de puros lamentos y de muy pocas soluciones. Desafortunadamente, la ola antitaurina llegó y unos cuantos lograron callar a miles que somos, pero que estamos desorganizados.

Nadie puede decir que fue sorprendido ni que en Querétaro esto “nunca iba a pasar”. Desde que se cerró la Plaza México sabíamos que todas las demás plazas estaban en peligro de repetir el mismo patrón.

Aquí, en Querétaro, echamos las campanas al vuelo: que si la fiesta tenía defensores con recursos, que si los políticos tenían injerencia, que si Querétaro era diferente y se iba a cuidar la fiesta. Nada de eso pasó. Todos preferimos lamentarnos en lugar de blindarla.

Los mismos que hoy recordamos como artífices de que en Querétaro la fiesta fuera patrimonio, hoy guardaron silencio. Y eso que algunos ya están del lado de los jueces del “bienestar”.

El hoyo es cada vez más profundo. Sí, podemos mentarle la madre al español Jerónimo Sánchez; podemos buscarle culpables, señalar negocios, discos o lo que quieran. Pero la herida es profunda y no se cierra con coraje.

En este espacio siempre hemos hecho esfuerzos por blindar la fiesta y aspirar a ser como Aguascalientes. Pero parece que aquí nos quitaron la fiesta… y simplemente devolvemos el dinero de los boletos.

Si se termina la fiesta, se acaba también una cadena de empleos y de espacios. Este, por ejemplo. ¿O qué? ¿Esperamos ahora escribir sobre las nuevas andaderas para perros de Petco?

Espero que algún día volvamos a vernos en la plaza.

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