Olmo Martínez

Entre espuma, tropiezos y una reivindicación

La corrida de feria de San Juan del Río dejó sensaciones encontradas. Muchos lamentos antitaurinos expresados en redes sociales y mucha alegría de ver a una plaza muy taurina que es una bocanada de aire a la fiesta. Hubo momentos de tedio, pasajes de escaso contenido y un cierre que terminó por justificar la salida a hombros de dos toreros, aunque por caminos muy distintos.

Uriel Moreno El Zapata abrió plaza con Libertador, un negro zaino, enmorrillado y bajo que desde el inicio enseñó embestidas descompuestas. El poblano optó por no comprometerse demasiado con un enemigo incómodo y construyó una faena basada más en el adorno que en el fondo. Trapazo tras trapazo, recursos vistosos y mucha espuma para un licuado sin ChocoMilk. La estocada, trasera y atravesada, fue suficiente para despachar al toro y escuchar apenas unas leves palmas.

El segundo de la tarde, Comadrero, confirmó desde salida que sería un toro complicado. Buscó las tablas, barbeándolas constantemente, y nunca corrigió ese defecto. Reservón, aquerenciado y lanzando arreones, terminó por deslucir cualquier intento.

José Mauricio dejó lo más destacado con el capote gracias a un quite de buena factura, elegante y torero. Sin embargo, con la muleta poco pudo hacer ante un ejemplar sin opciones. Intentó por ambos pitones y, cuando entendió que insistir era inútil, recurrió a doblones de buen gusto que, lamentablemente, no encontraron eco en un público desconectado.

La primera comparecencia de Paola San Román tampoco fue sencilla. Cultura parecía, hasta ese momento, el toro con mayores posibilidades del encierro, pero la queretana apenas dejó destellos sin terminar de someter la embestida. La espada se convirtió en un auténtico calvario: siete pinchazos antes de que el toro, entre resbalón, tropiezo o simple agotamiento, terminara doblando. El habilidoso puntillero evitó que la escena se prolongara aún más. Lo que sí quedó para la anécdota fue el ya famoso “Par Monumental”.

Pero el toreo siempre ofrece revanchas.

En su segundo turno apareció la mejor versión de Paola San Román. Le correspondió un toro con genio, de esos que obligan a tomar decisiones. Y cuando parecía que el miedo podía imponerse, la torera respondió con serenidad. Aguantó, se colocó en el sitio correcto, dio los toques precisos y entendió las distancias. Ahí apareció la cabeza fría que muchas veces vale más que el valor desordenado.

Las tandas tuvieron mando y estructura, demostrando que cuando se confía en sus capacidades puede construir faenas importantes. Una media estocada en hueso seguida de una entera desató la petición mayoritaria y el juez concedió dos orejas, premio que reconoció una actuación de evidente crecimiento.

Al final, El Zapata y Paola San Román salieron a hombros de la plaza. El primero, más por oficio y conexión con el tendido que por una tarde rotunda. La segunda, por haber sabido sobreponerse a un inicio gris para firmar la actuación de mayor contenido de la corrida.

La feria de San Juan del Río dejó claro que no todas las puertas grandes pesan igual. Algunas se abren entre adornos; otras, a base de inteligencia, colocación y auténtica capacidad para resolver los problemas que plantea un toro. Esta vez, la reivindicación llevó el nombre de Paola San Román.

Te recomendamos