Hay declaraciones que no deberían pasar de largo, particularmente cuando vienen de quienes conocen el riesgo de ponerse delante de un toro.
Las palabras de Diego San Román e Isaac Fonseca sobre la tauromaquia en Querétaro ponen una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿quién está defendiendo realmente la fiesta desde las instituciones?
Y ahí aparece inevitablemente Felipe Fernando Macías.
El alcalde ha insistido en que el Municipio debe acatar las determinaciones judiciales. Correcto: ninguna autoridad puede colocarse por encima de un juez. Pero gobernar no termina ahí.
Gobernar también significa generar condiciones, dar certeza y utilizar las herramientas legales disponibles para defender las actividades reconocidas por los propios reglamentos municipales.
El problema ya no es solamente una corrida cancelada. Es la incertidumbre en la que quedan empresarios, ganaderos, toreros, trabajadores y aficionados.
Por eso Felifer debe responder una pregunta sencilla: ¿cuál es la posición de su gobierno frente a la tauromaquia?
No se le pide desacatar una resolución judicial, sino explicar qué hará dentro de sus facultades para brindar certeza jurídica a una actividad profundamente vinculada con la historia de Querétaro.
Mientras tanto, San Román y Fonseca hablan desde la arena. Ellos ponen el cuerpo. Ahora corresponde a la autoridad poner definición.
Porque la fiesta no necesita privilegios: necesita reglas claras y autoridades que no confundan prudencia con silencio.
El toro ya salió al ruedo.
Ahora le toca a Felipe Fernando Macías tomar el capote y dejar de mirar desde el burladero.