El día de hoy a las 10 de la mañana, aficionados y representantes de sectores vinculados con la tauromaquia, la charrería y los gallos se manifestarán frente a la Legislatura de Querétaro para expresar su postura ante el proceso de construcción de la nueva Ley de Bienestar Animal a nivel nacional.
El tema merece atención porque el debate no es menor. La propuesta de legislación a nivel nacional continúa en proceso de ajustes y, apenas la semana pasada, se informó que todavía quedaban alrededor de cinco o seis artículos de fondo por conciliar antes de llevarla al Pleno.
En el ámbito local hay un dato importante: durante 2026, legisladores locales habían señalado que la tauromaquia, la charrería y las peleas de gallos quedarían fuera de esta primera etapa de la ley, aunque podrían abordarse posteriormente.
Entonces, ¿por qué la preocupación?
Porque cualquier modificación futura puede tener consecuencias directas sobre actividades que cuentan con una regulación específica y que actualmente no son consideradas maltrato animal en el Código Penal de Querétaro cuando se realizan conforme a las disposiciones aplicables.
Del otro lado también existen colectivos animalistas que están planteando cambios a los reglamentos municipales para restringir determinadas prácticas en las corridas de toros.
Ahí está el verdadero debate: cómo construir una política de bienestar animal que proteja a los animales, pero que también escuche a los sectores involucrados.
Una ley de esta naturaleza debe construirse con diálogo, participación ciudadana, argumentos técnicos y reglas claras.
Hoy habrá voces frente al Congreso Local, el llamado es de los taurinos y se debe atender como si fuera la mejor corrida, es momento de pasar de las redes a la realidad.
La pregunta es si quienes tienen la responsabilidad de legislar estarán dispuestos a escucharlas.
Porque en una democracia, legislar también significa escuchar antes de decidir.