Por mucho tiempo, el régimen de Cuba ha sido un asunto de suma relevancia para Washington. Si bien, en algunos momentos fue crítico, sobre todo en los episodios más álgidos de la Guerra Fría, por muchos otros se convirtió en un tema de segundo plano ante necesidades e intereses de mayor prioridad para la Casa Blanca. Hoy en día, la situación con la isla de nueva cuenta ha adquirido interés por parte del gobierno liderado por Donald Trump. ¿Qué motivos hay detrás de esta creciente fijación del mandatario?
Durante la Guerra Fría, Cuba fue un aliado cercano de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que estableció su alianza con la isla, sobre todo, por su cercanía geográfica con su enemigo, Estados Unidos (EU). Para la Unión Soviética, mantener a flote el régimen cubano gestado a partir de su revolución fue indispensable para evidenciar que un Estado con ideología comunista sí podía triunfar, y qué mejor uno que estuviera geográficamente justo en las puertas del territorio estadounidense.
Pero tras la caída de la URSS, el sueño cubano perdió cualquier esperanza de continuar con el proyecto comunista, dejando en progresiva caída al país caribeño. Hoy, la isla se encuentra en una situación deplorable que no parece tener un revés. La falta de combustible ha golpeado severamente las actividades económicas en Cuba, impactando en múltiples áreas que afectan el día a día de las personas.
Aunado a ello, se ha quedado sin el valioso apoyo de sus aliados. Con la caída del gobierno liderado por Nicolás Maduro y con las órdenes dirigidas desde la Casa Blanca a Palacio Nacional para eliminar cualquier envío de combustible desde México a la isla, argumentando que no debería haber apoyo para un gobierno dictatorial; al régimen cubano sólo le queda recibir asistencia de Nicaragua, que es insuficiente si es que todavía existe, y de Rusia.
Así, con el embargo estadounidense renovado, Trump ha decidido enviar miles de barriles de crudo a los cubanos porque, a palabras del mandatario republicano, “la isla está acabada”. Es curioso que el presidente haya impedido a México apoyar al régimen isleño a través del envío de combustible, pero que permita la venta de crudo de EU a empresas en Cuba. La inconsistencia en la narrativa y acciones de Trump nuevamente se observa, sin que en su administración se le critique o condene por ello.
En adición, Trump también ha permitido el arribo de un buque ruso con 730 mil barriles de crudo para entregar a Cuba, lo que supondría un alivio para mucha gente en plena crisis humanitaria. Pero, ¿por qué EU permitió el apoyo de Rusia? No sería difícil de considerar que es por el desastre provocado por el mandatario republicano en Irán. Con su guerra, Teherán ha cerrado el estrecho de Ormuz como medida retaliatoria, impidiendo el paso de buques de países de Medio Oriente que suministraban un gran porcentaje de petróleo a todo el mundo, especialmente a occidente.
Por ende, la necesidad de otros proveedores se ha vuelto una realidad para EU y otros países, por lo que un gesto de buena voluntad con Rusia quizá sería una acción apremiante en este delicado contexto. Así, el enemigo acérrimo del pueblo estadounidense se convierte, contra la narrativa, en un aliado inesperado.