El viernes pasado, Rubén Rocha Moya anunció que retomaba el cargo de gobernador de Sinaloa después de más de 100 días de licencia. Al día siguiente volvió a pedirla, esta vez "por tiempo indefinido"; y un día más tarde, el domingo, el Congreso de Sinaloa la aprobó a primera hora. No cabe duda que es un panorama pintoresco el de la política sinaloense, pero más allá de eso, resulta muy peculiar la reacción del Gobierno Federal. ¿Qué lectura le da la administración de Claudia Sheinbaum y del morenismo?
Lo que sucedió en Sinaloa parece un circo. Después de más de un centenar de días en licencia, y bajo sospecha de narcotráfico por parte de la justicia estadounidense, el gobernador despareció del mapa y de los medios de comunicación. Tras su ausencia, varios funcionarios públicos del territorio sinaloense fueron identificados como posibles colaboradores del narcotráfico, incluso un par huyó a Estados Unidos de América (EUA) para colaborar con sus instituciones de justicia.
Ahora regresó Rocha Moya y volvió a pedir licencia, como si nada hubiera pasado, como si su nombre no hubiese figurado en las acusaciones de Washington por otorgar apoyo a los grupos del narcotráfico en México. Si eso no es suficiente, lo que viene es hilarante. ¿Qué hicieron las instituciones de nuestro país? La Fiscalía General de la República, tras 112 días de indagatoria, ha sostenido que no encontró elementos que sustenten la participación del gobernador en licencia de Sinaloa en conducta penal alguna. Esa fue la conclusión, una que quizá tarde o temprano se hará añicos por el peso de la verdad, según lo que sugiere EUA.
Ahora con su regreso, valdría preguntarse si todavía existe confianza en él, tanto de la población sinaloense, como de Morena. Él llegó a la gubernatura a base del apoyo ciudadano, poque el electorado confió en él. En este momento, ¿qué confianza hay en él luego que se desapareció por más de tres meses en medio de una severa acusación por parte de EUA? Y ¿qué confianza hay luego de que regresó, no dio explicación alguna que valga la pena en torno al caso y luego pidió licencia de nuevo, es vez, “hasta que se le antoje”, por que fue indefinida? El chiste se cuenta sólo, la rendición de cuentas para el caso de Rocha Moya es simplemente opcional.
Y bien, ¿qué pasa con Morena? Varios gobernadores refrendaron el apoyo a Rocha Moya, es cierto, pero ¿qué tanto fue un respaldo que naciera de ellos y qué tanto es una estrategia para que pareciera un bloque unido frente a la injerencia estadounidense con el din de disuadirla de enfrentarse a los funcionarios mexicanos? Si fuese la primera opción, en vez que parecer solidarios con el gobernador en licencia indefinida ante la intervención del país de las barras y las estrellas, la escena resulta en un grupo de políticos que apoyan a quien se le sospecha altamente de cooperar con el narcotráfico, el mayor cáncer de la inseguridad en México; y si fuese la segunda, en vez un mensaje de unidad, la imagen que dan es de miedo ante las posibles acusaciones de la justicia en EUA.
Y bien, finalmente, ¿qué mensaje es que da el gobierno de Sheinbaum? Impunidad o incompetencia, o una combinación de ambas. En más de cien días, las instituciones mexicanas no pudieron verificar si Rocha Moya, o alguien de su gobierno, cooperó con el narcotráfico. Se nota que cuando no hay voluntad, no hay voluntad.
Niels Rosas Valdez
Historiador e internacionalista
@NielsRosasV (X)