Niels Rosas Valdez

Siempre en campaña

No hay duda de que en Morena se aprendió bien esa estrategia priista de hacer política

Hace unos días, Claudia Sheinbaum, realizó un mitin en el Monumento a la Revolución cuyo ánimo oficial fue celebrar el segundo aniversario de su victoria electoral que le llevó a ser la primera Presidenta de México. Sin embargo, además del simple recordatorio de su triunfo, otros temas surgieron en el evento claramente proselitista de Morena. ¿Qué efectos trae consigo este acto y qué implicaciones tiene para la política mexicana?

La victoria electoral de Sheinbaum en 2024 marcó ciertamente un hito para la política mexicana y para la historia del país. Los votos en las urnas le concedieron el triunfo que le llevó a convertirse en la primera mujer presidente de México. Hoy, la Mandataria lo ha celebrado en grande frente a una multitud morenista que la ha arropado desde tiempo atrás como su nueva líder, a quien vitoreó en este acto sirvió para mandar varios mensajes hacia la audiencia que trasciende a quienes se dieron cita en el Monumento a la Revolución.

El mitin de Sheinbaum fue revelador en muchos sentidos. Por un lado, remarca uno de sus objetivos políticos que ha señalado en múltiples ocasiones en su narrativa: la defensa de la soberanía nacional. Para Morena, este tema ha sido central desde los discursos de Andrés Manuel López Obrador, quien lo enfatizaba como lo más sagrado para el movimiento político que encabezó (o encabeza incluso hoy en día).

Ahora Sheinbaum lo ha recuperado y lo ha utilizado como un estandarte, empleándolo como herramienta política al denunciar el “intervencionismo o la injerencia extranjera” de Estados Unidos, lo cual le sirve para obtener el apoyo de sus seguidores que ven en la Mandataria a la persona que les defenderá de los intereses de los opresores, o al menos así lo ven millones de mexicanos. Claro, siempre hay una escala de grises que nos sirve para comprender en qué medida es cierto y en qué medida es una simple herramienta para capturar el respaldo de las masas.

Por otro lado, recordó al enemigo número uno de Morena, o al menos al que López Obrador identificó como tal: Felipe Calderón. No hay vez que alguien del movimiento hace referencia al expresidente panista como un disidente y enemigo del morenismo. Algunos quizá no pueden superar las rivalidades, y en esta ocasión, así como sucedió el sexenio anterior, la Mandataria lo ha traído a colación para que todas y todos los mexicanos lo tengan presente, una estrategia constante del partido oficialista.

Y, por último, resulta interesante el evento como tal, puesto que es una muestra de proselitismo disfrazada de una celebración de la victoria en las urnas de la Presidenta. Estamos a un año de una serie de comicios en todo México, por lo que apelar a las bases del movimiento y recordar a las y los mexicanos los ánimos del morenismo es una forma de mantenerse siempre en campaña, una estrategia bien aceitada del priismo del siglo XX. No hay duda de que en Morena se aprendió bien esa forma de hacer política, o más bien, se volvió a enseñar.

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