Hace unos días presenciamos en el emblemático Foro Económico Mundial, también conocido como Foro de Davos, la participación del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en la que señaló la disolución del Nuevo Orden Mundial. Sin duda, lo declarado por el líder canadiense genera ecos en el globo, regalándonos una frase indeleble temprano en el año. ¿Cómo impacta esta aseveración en las relaciones internacionales actuales? ¿Cómo observa México el posicionamiento de su aliado regional?
Es común que en el Foro de Davos las intervenciones de los líderes de los países se centren en los avances que se han tenido en el evento, o en las negociaciones en materia económica que han asegurado con sus pares, o de cómo van a enfrentar algunos temas de gran preocupación, como la disparidad y el hambre. No obstante, en esta reciente edición los mandatarios de Canadá y Francia decidieron levantar la voz ante el panorama causado por su similar estadounidense.
Por un lado, el primer ministro Carney apuntó que el Nuevo Orden Mundial construido tras la Segunda Guerra Mundial ha acabado. Su declaración se dirige a un nuevo entorno caracterizado por el multilateralismo y donde exista una mayor participación por parte otros actores estatales que anteriormente no figuraban con tanto ahínco, como es el caso de China e India, y otros más de creciente peso regional, que hoy en día son numerosos.
Aunado a ello, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, aprovechó su intervención para mandar un mensaje directo a la Casa Blanca. Manifestó su aprecio por los amigos y su rechazo hacia los bullies, en un claro señalamiento a las agresiones y amenazas que emanaron del mandatario Donald Trump hacia sus aliados europeos de la OTAN, quienes se opusieron a la anexión estadounidense de la isla danesa de Groenlandia.
Ciertamente, se aprovechó el espacio del Foro de Davos para emitir un mensaje dirigido a la comunidad internacional para denunciar las malas prácticas del inquilino de la Casa Blanca. La comunicación de Carney y Macron apela a lo que muchos gobiernos coinciden de la actual administración estadounidense, pero que no lo han expresado públicamente al globo por obvios temores de represalia por parte de Washington. Así, ambas declaraciones convocan a las naciones para hacer frente a las amenazas del país hegemónico y reconstruir las redes de apoyo mutuo entre los países libres, muchos de Occidente.
Es una coyuntura internacional. Muchos países concuerdan con lo descrito por Carney y Macron, pero el dilema está en quedarse en silencio o actuar. México está en ese dilema.