Niels Rosas Valdez

Restauración cautelosa

Durante casi cuatro años, las relaciones diplomáticas entre México y Perú llegaron a un punto bajo. Las expresiones de esa situación se pudieron observar con la expulsión de embajadores, calificativos que rozaban el insulto de Estado y asilos diplomáticos convertidos en pulso político. No obstante, en los días recientes, pareciera que se podría restaurar la relación con Lima. ¿Cómo se observa este entorno?

El camino a la reconciliación entre México y Perú se está construyendo; ha iniciado con las declaraciones del nuevo canciller peruano, así como de la recepción a buena manera por parte del Gobierno mexicano. Conocemos que la ruptura entre ambos países latinoamericanos se originó en el marco de la disolución del gobierno del izquierdista Pedro Castillo, que coincidió con la administración federal del mentor de Claudia Sheinbaum, y fue alimentada por el asilo otorgado a figuras cercanas al mandatario peruano derrocado.

Las semanas siguientes a tal incidente fueron de gran tensión entre los gobiernos de ambas naciones, con desacreditaciones y demás acciones que vulneraban la poca confianza que quedaba en las dos partes del continente. Sin embargo, hoy el escenario pinta nuevas oportunidades de acercamiento, y no fue por un cambio de perspectiva de la situación ni mucho menos, sino por el cambio de gobierno en Perú.

La nueva administración peruana, liderada por Keiko Fujimori, tiene la ventaja de representar a otro partido político al del anterior gobierno, por lo que no necesariamente hereda los pendientes de Dina Boluarte, expresidenta del Perú. Así, la relación con México puede ser concebida como una sin carga negativa, sino neutral y presuntamente lista para poder ser alimentada de nueva cuenta para forjar una relación bilateral de confianza, como era antes.

Claro, si bien el interés por restaurar la relación bilateral puede ser compartido, por ahora, para evitar cualquier complicación, ningún tema referente a la extradición de las personas peruanas asiladas en territorio mexicano debería ser puesto sobre la mesa por Lima. En este asunto, lo ideal es mantener una postura moderada para retomar las interacciones y luego avanzar en una solicitud cuando haya algo que dar a cambio para el Gobierno mexicano.

Por otro lado, es conveniente restaurar la relación bilateral para reactivar las actividades económicas y políticas a plenitud. El comercio es una actividad que nutre a ambas naciones, y aunque ciertamente no son uno de los socios comerciales más importantes del otro, para cualquier relación diplomática es indispensable sostener una cómoda y estable relación económica. Un caso obvio de lo contrario es Estados Unidos de América (EUA) ahora con Donald Trump, es decir, ante la deplorable política de aranceles del mandatario republicano, la interacción de varias naciones con Washington se ha visto mermada.

Invariablemente, a ambos países les interesa retomar la relación. Si bien heredaron una situación delicada del gobierno que respectivamente les antecedió, nada les ata a seguir con la misma postura. Al contrario, es un nuevo comienzo porque tanto a Sheinbaum, como a Fujimori les toca conversar con otra administración que no tuvo nada que ver con lo que sucedió en la ruptura. Así, un triunfo para ambas lideresas bien puede ser esa restauración que ha tardado un cuatrienio para las dos naciones latinoamericanas.

Niels Rosas Valdez

Historiador e internacionalista

@NielsRosasV (X)

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