El domingo se celebró la segunda vuelta de las elecciones generales en Perú, cuyo resultado ha causado conmoción en el país andino, pero también en América Latina. Tras un breve periodo de la izquierda gobernando, los peruanos han decidido regresar a la derecha de la mano de Keiko Fijimori, hija de quien fuera presidente de la nación durante los años noventa, Alberto Fujimori. ¿Qué impactos para la región trae consigo este suceso?

Al final de la jornada electoral del domingo, el conteo rápido ha mostrado una ligera ventaja de votos hacia Fujimori sobre su rival izquierdista Roberto Sáncehez, superando el 50% del sufragio peruano. Así, en un panorama sumamente tenso y polarizado a lo largo y ancho del país sudamericano, la candidata derechista e hija del expresidente parece haber vencido en las urnas y estaría por convertirse en lo que se le fue negado en dos ocasiones.

Pero su victoria no es tranquila, ni así debería gobernar de confirmarse su triunfo electoral. La ventaja con la que habrá vencido es mínima y se enmarca en un escenario de polarización. Según los reportes, en Lima, capital del Perú y ciudad con mayor población del país, recibió al menos dos tercios de los votos emitidos por el electorado; sin embargo, en el resto del territorio apenas superó los dos quintos del total de sufragios.

Esta situación evidencia lo fracturado que está Perú. La capital, donde se concentra el mayor peso económico y político del país, apoyó significativamente a la derecha, mientras que las llamadas provincias y sitios remotos que se encuentran rezagados en ciertos aspectos mantuvieron su apoyo a la izquierda. No es, para nada, algo propio del país andino, sino que es un reflejo de la disparidad y de las brechas que persisten en la realidad de América Latina, y ahora Fujimori deberá ejecutar una política que permita esa distribución de la riqueza y acercamiento de los servicios a esos espacios fuera de la capital peruana si es que le interesa verdaderamente conciliar y gobernar para todas y todos.

Ahora, regionalmente, América Latina es un gran péndulo que se mueve de izquierda a derecha cada cuatro o cinco años. Argentina ahora tiene a Javier Milei luego de haber experimentado un gobierno de izquierda. Chile lo gobierna José Antonio Kast luego de haberlo liderado el izquierdista Gabriel Boric. Mientras que en Ecuador la derecha se refuerza con Daniel Noboa, en Colombia se vive el desgaste de Gustavo Petro. El balance se mantiene un poco con las administraciones izquierdistas de México y Brasil.

En conjunto, el panorama tiene consecuencias concretas, como puede ser una mayor alineación con Washington en materia comercial y de seguridad regional para los países donde gobierna la derecha, así como una postura más dura frente a los regímenes opresivos de Latinoamérica en foros multilaterales como la OEA y la CELAC y una política más dura en materia de seguridad contra el narcotráfico, un tema central en la agenda del actual inquilino de la Casa Blanca.

Por ahora, en Lima y en las demás ciudades peruanas se celebra o llora según el barrio. El Perú, como casi siempre, no está de acuerdo consigo mismo, la división es evidente y las tensiones no parece que vayan a eliminarse tras la jornada electoral. Y el resto de América Latina, quiera o no, tendrá que prestar atención de la nueva agenda que emane del país andino.

Niels Rosas Valdez

Historiador e internacionalista@NielsRosasV (X)

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