El viernes, el director general de la Organización Mundial de la Salud anunció que el Covid-19 dejó de ser una emergencia sanitaria mundial, por lo que ya no sería considerada una pandemia. No obstante, el virus sigue presente, por lo que hay que continuar con las medidas sanitarias que conocemos: sana distancia, mantener los espacios ventilados y utilizar el cubrebocas.
Pero, a pesar de que el Covid-19 ya no es la amenaza que en su momento posó para la humanidad, y de que ahora ya muchos países regresaron a un esquema de “normalidad” prepandemia, mejorando las dinámicas económicas y sociales; la emergencia sanitaria ha dejado huella en los gobiernos y las personas. Sin embargo, no fue lo único que nos trajo. La pandemia dejó una serie de lecciones para nuestro futuro.
Una de éstas es la necesidad de sofisticar la cooperación internacional. Se ha hablado que es un mecanismo ineludible para fortalecer las interacciones entre los países y mejorar sus condiciones. Empero, en los momentos difíciles del esparcimiento del virus SARS CoV-2, que en gran medida fueron los primeros instantes, la cooperación internacional fue limitada o incluso inexistente.
Al paso de los meses se presentó una interacción ascendente de asistencia entre los estados. Un ejemplo de ello fue el desarrollo del proyecto COVAX, un fondo mundial para desarrollar una vacuna y esparcirla a todos los países del globo.
A pesar de las buenas intenciones, el mecanismo internacional fue deficiente y concentró inicialmente la entrega del agente biológico en los gobiernos poderosos del planeta, dejando a un lado a sociedades más vulnerables.
Una segunda enseñanza es la necesidad de impedir en su momento los discursos de diferentes personas que intentaron obnubilar, desestimar y negar, en el contexto de la pandemia, no sólo las declaraciones y sugerencias de expertos en la materia, sino la misma realidad que el globo atravesaba, poniendo en peligro a millones de personas como resultado. En este escenario, las narrativas populistas de líderes como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Andrés Manuel López Obrador, entre otros, alimentaron esta situación, desprotegiendo severamente a muchos individuos que basaron su toma de decisiones en lo que sus mandatarios señalaron. Por eso y más, el populismo representa un problema delicado para las democracias.
Finalmente, otra enseñanza es la necesidad de mejorar los servicios de salud de los estados. En muchos casos, el sistema de salud de muchos países fue claramente rebasado por la enorme cantidad de pacientes que necesitaban atención médica urgente durante la pandemia por el Covid-19 u otras necesidades. En el caso de México, la administración federal planeó, con muchos errores, un cambio en el aparato de salud, primero retirándole una cantidad considerable de recursos y luego sustituyéndolo por un esquema de servicios de salud francamente limitado, nada comparado a lo que había prometido el presidente, lo cual mermó el panorama para enfrentar al nuevo virus.
Por ende, es trascendental que las autoridades se responsabilicen de la equivocada toma de decisiones, ya que sus declaraciones y políticas tienen un impacto en la sociedad. Decisiones apropiadas y el impulso de un sistema de salud competente, sobre todo en el caso de México, son elementos ineludibles para atender de mejor manera las crisis que podrían surgir en el futuro.
Historiador e internacionalista
@NielsRosasV
























