Niels Rosas Valdez

México y su pilar fundamental al exterior

La resolución pacífica delos conflictos no es una postura débil, sino que es una posición firme frente a EUA

Nuevamente, Estados Unidos de América (EUA) ha amenazado con atacar a la República Islámica del Irán, por lo que México, una vez más, se encuentra ante una disyuntiva que pone a prueba el pilar fundamental de su política exterior: la resolución pacífica de los conflictos. No es solo reaccionar a un episodio más de tensión internacional, sino de reafirmar uno de los principios que históricamente han dado identidad y credibilidad a nuestro país en el globo.

Para México, la paz no ha sido un recurso retórico circunstancial, sino una posición sostenida. Desde la Doctrina Estrada hasta su actuación en foros multilaterales, ha defendido que los conflictos entre Estados no deben resolverse mediante la fuerza, sino a través del diálogo, la negociación y el derecho internacional. En un contexto global donde la acción militar regresa con mayor tendencia, remarcar la vía pacífica significa resistir.

Apoyar la acción militar unilateral estadounidense contra Irán representaría abandonar ese principio fundacional. La resolución pacífica de las controversias implica no sólo presionar por no intervenir, sino condenar a quienes proponen la opción de fuerza militar para atender situaciones. Para ello, se necesita a varios aliados que coincidan en ese valor fundacional de las relaciones internacionales.

Hemos presenciado incontables veces que los conflictos que se resuelven por la fuerza dejan Estados frágiles, regiones inestables y generaciones marcadas por la violencia. Veamos, por ejemplo, lo que pasó con las intervenciones de EUA a inicios del siglo XXI en el sur de Asia y Medio Oriente con sus respectivas consecuencias que hoy en día se notan con mucha mayor claridad.

La resolución pacífica también es una apuesta por el multilateralismo. México tiene la oportunidad y el liderazgo obtenido a través de los años de impulsar soluciones donde el diálogo y la mediación sean centrales. Defender inspecciones, acuerdos, negociaciones y mecanismos de verificación es más difícil que respaldar una acción armada, pero es infinitamente más responsable.

Si México es congruente con sus principios, no debe moderar su postura para no incomodar a su principal socio comercial. La historia diplomática mexicana demuestra que es posible mantener una relación funcional con Washington sin alejarse de sus valores. Por ende, defender la resolución pacífica de los conflictos no es una postura antiestadounidense, sino una defensa del orden internacional que, en teoría, todos dicen compartir.

Además, esta posición no es ajena a la realidad interna del país. México sabe, por experiencia propia, que la violencia genera espirales difíciles de contener. Apostar por la paz en el ámbito internacional es consistente con la necesidad de reducir la violencia en casa y de promover soluciones estructurales, no respuestas inmediatas basadas en la fuerza.

En un mundo donde la guerra vuelve a presentarse como opción legítima, la postura mexicana puede parecer incómoda, incluso marginal. Pero es precisamente ahí donde radica su valor. La resolución pacífica de los conflictos no es una postura débil, sino que es una posición firme frente a la tentación del poder militar de EUA y de otros países expansionistas. México debe actuar en consecuencia y tomar de nueva cuenta ese estandarte que le ha dotado de identidad en el plano internacional.

Historiador e internacionalista

@NielsRosasV (X)

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