México y la Unión Europea (UE) firmaron el Acuerdo Global Modernizado (AGM), concretando, de una vez por todas, las intenciones de generar un tratado bilateral que se habían forjado desde hace más de un cuarto de siglo. ¿Cuál es la importancia de este acto y qué beneficios podría traer a sus contrayentes?
La presidenta Claudia Sheinbaum recibió en Palacio Nacional a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y al presidente del Consejo Europeo, António Costa. En la residencia oficial de la mandataria, firmaron el AGM, sustituyendo el acuerdo vigente desde el año 2000 entre México y la UE. Así, una nueva etapa se establece en la relación bilateral entre nuestro país y el conglomerado europeo de naciones.
El AGM es un instrumento no ordinario, ya que en él se han integrado varios rubros, entre ellos comercio, inversión, compras gubernamentales, cambio climático, derechos humanos, innovación tecnológica y gobernanza internacional. Por ello, se puede suponer que los beneficios serían amplios y en varias áreas que fortalecerían a ambas partes, sobre todo considerando la necesidad de reforzar la cooperación internacional hoy en día.
Desde el punto de vista económico, que es uno de los más atractivos sin lugar a duda, firmar este acuerdo le permitiría a México alcanzar un de los objetivos que tiene desde hace décadas: diversificar su comercio para evitar la dependencia económica y política de los Estados Unidos de América. Para un país que diversifica mercados en un contexto donde su vecino del norte convierte los aranceles en política exterior, esto no es menor.
Este acuerdo abre acceso preferencial a un mercado de 450 millones de personas con un alto poder adquisitivo, situación que sin duda traería oportunidades para las empresas mexicanas. A ello se suma que el 85% de los productos agroalimentarios mexicanos dejará de enfrentar barreras arancelarias en Europa, permitiendo que el campo de México no dependa en gran medida de los obstáculos que imponga EUA para sus ventas.
Una de las metas que deben trabajar ambas partes es en el incremento del comercio bilateral. La UE representa apenas el 7.1% de las exportaciones mexicanas. Se puede decir que la cifra es reducida por la alta dependencia de México con el país de las barras y las estrellas, pero ahora, con este AGM, se transita a un panorama de mayor integración económica con Europa.
En términos históricos, la firma del AGM es una buena noticia. Es la señal de que México puede construir alianzas estratégicas más allá de su vecindad inmediata, y de que existe en el mundo un socio con quien compartir no sólo aranceles, sino valores y marcos normativos. La relación con la UE ha sido cordial y sana al paso del tiempo, por lo que no se espera ningún problema en la implementación y evaluación del acuerdo al paso del tiempo.
Pero quizá lo que más ayuda del AGM a ambas partes es la certidumbre. Dadas las accidentadas condiciones que caracterizan hoy en día al escenario internacional, la certeza de poder colaborar sin obstáculos con un socio es una ventaja que no muchos países gozan.
El tratado brindará muchas oportunidades a México y la Unión Europea, pero dentro de ellas hay una de gran valor: la posibilidad de mejorar y sofisticar su cooperación para seguir creando puentes y crecer a la par como aliados en un mundo convulsivo.
@NielsRosasV (X)