Hoy en día en nuestro país, el tema que sigue dando de qué hablar, a pesar de que conocimos la noticia hace varios días, es, sin lugar a duda, el fraude en el proceso de admisión de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Luego de que supimos que las quejas de las y los candidatos en torno a los exámenes de admisión se apilaban por montones, ahí fue insostenible la máscara que utilizó la institución educativa más grande y prestigiosa de México. ¿Qué impactos tiene esta situación?
Cuando saltaron las alarmas por resultados "demasiado buenos" en el examen de admisión de la UNAM, las palabras comunes en la conversación pública repetían trampa, corrupción, fraude. Hubo indignación, mucha entre la comunidad que dedicó su tiempo, esfuerzo y recursos en cumplir con aquello que la máxima casa de estudios de México les solicitó para ingresar a sus filas y estudiar algún programa educativo.
El problema fue la evaluación en la modalidad en línea. Existe gran interés en empezar a migrar poco a poco los varios procesos académicos que llevan a cabo las instituciones educativas del país, en concordancia con lo que se hace en el exterior, pero vale mucho la pena preguntarse si las instituciones de México tienen las capacidades para ello, si sus participantes están a la altura y están apegados a la honestidad, y si pueden efectuarse sin corrupción alguna.
Probablemente hubo irregularidades en las evaluaciones en línea en la UNAM, y por ende, merecen investigarse a fondo. Reducir este episodio a un problema de vigilancia tecnológica es quedarse con la parte más cómoda del problema, evitar la responsabilidad y esquivar la verdad que realmente incomoda. Existe corrupción que debe ser mitigada de inmediato. No es justo, mientras más de 150 mil jóvenes mexicanos compitieron honestamente por apenas un octavo de esa cifra en lugares, muchos otros su lograron puntajes perfectos sin esforzarse en absoluto haciendo trampa, virtualmente garantizando su espacio en la universidad.
Pero además de las presuntas corruptelas de las que se habla en este escenario, hay otro punto que debe ser atendido. La trampa que muchos aspirantes cometieron en las evaluaciones virtuales obedece, en parte, a la alta competencia que existe para ingresar a la UNAM. No se justifica el fraude, en absoluto, y tanto las personas candidatas, como los que permitieron la corrupción en la institución deben ser penalizados. Pero es cierto que quizá la situación se haya generado a consecuencia del limitado número de espacios que ofrece la universidad más grande del país para estudiar.
Esto nos abre la posibilidad de retomar otra conversación atrapada a través del tiempo y que tiene que ver con el cada vez más y más limitado recurso que reciben las instituciones de educación superior de México para su operación, su infraestructura y su capacidad para recibir a más estudiantes. Lo que supimos recién en la UNAM es sólo un síntoma tanto de las respuestas de una comunidad que demanda más espacios y oportunidades para estudiar, como de una institución que presuntamente es partícipe de la corrupción en las evaluaciones en línea en los procesos de admisión. El fraude va en ambos sentidos, mermando la confianza tanto de quien pide, como de quien otorga. El chiste se cuenta sólo, no estamos a la altura de lo que se necesita en el país.
Niels Rosas Valdez
Historiador e internacionalista
@NielsRosasV (X)