En relaciones internacionales, la ayuda humanitaria se muestra como un acto de bondad que rara vez es cuestionable. Sería complicado que algún país se opusiera al envío de medicinas, alimento y demás insumos para las personas en carencia. No obstante, cuando esa ayuda es dirigida a un régimen autoritario el entorno se dificulta. ¿Cómo leer la asistencia de México al régimen cubano? ¿Qué debe hacer ante la presión de Estados Unidos?

Cuando era presidente de México, Andrés Manuel López Obrador defendió los envíos de ayuda al pueblo cubano bajo la lógica de la no intervención y la solidaridad latinoamericana. Pero el principio de no intervención no debería convertirse en coartada para ignorar la naturaleza del régimen al que se auxilia. Cuba es un país con dificultades económicas, pero también es un sistema donde no existen elecciones libres competitivas, donde la oposición es reprimida y donde la libertad de expresión enfrenta límites estructurales; en pocas palabras, una dictadura.

Ante ello, el gobierno federal ha argumentado que la ayuda va al pueblo cubano, no a su gobierno, pero no hace falta ser un genio para dudarlo. En primera instancia, siendo un régimen dictatorial y considerando la evidencia en otros aspectos, es claro que la ayuda que llega a Cuba es administrada por el gobierno y no necesariamente para el pueblo. En segunda instancia, la cooperación internacional está ligada a su componente recíproco, es decir, se entrega la ayuda a cambio de algo.

¿Para qué quiere México ayudar a Cuba? ¿Por cuestión humanitaria? Quizá. Pero lo cierto es que puede ser un pago por una forma de sacar recursos del país sin que sean motivo severo de escrutinio público. Pero más allá de eso, nuestro gobierno debe tomar en cuenta el tablero geopolítico que impone Donald Trump. ¿Vale la pena poner en riesgo nuestra economía tan ligada a EU con tal de seguir apoyando a un gobierno dictatorial como el cubano?

La tradición diplomática mexicana de apoyo a los demás estados es loable, y es cierto que México no rompió relaciones con Cuba cuando muchos lo hicieron hace más de medio siglo. Pero hoy en día estamos experimentando situaciones complicadas con un EU más agresivo, en donde la negociación con Washington puede ser exitosa hasta cierto punto sin tener que estirar tanto la liga. La inquilina de Palacio Nacional debe meditar en ello si no quiere mayores complicaciones a la economía mexicana.

En adición, es ineludible señalar que también existe una contradicción en el discurso mexicano. Desde Morena se enmarca una narrativa de democracia y libertad, pero eso es justamente de lo que el régimen cubano carece. ¿Por qué seguir alimentando una dictadura? Eso no tiene justificación alguna. Al dar apoyo humanitario, se protege al pueblo de Cuba, pero también a su gobierno.

Resulta preocupante lo que hace México. Es de reconocer la labor de apoyo y ayuda humanitaria mexicana, eso es verdad, pero el contexto hace que esa asistencia se complejice y se torne improductiva. En nombre de la solidaridad, el gobierno de Claudia Sheinbaum podría estar enviando un mensaje cuanto menos, inquietante, que la afinidad política pesa más que la defensa coherente de la democracia y los derechos humanos.

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