En los pasados días hemos atestiguado cómo el legado de Morena pende de un hilo. La acusación formal del Departamento de Justicia de los Estados Unidos de América (EUA) hacia el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, marca un episodio obscuro en la historia de nuestro país, pero aún más lo hace en el legado del actual partido oficialista de México. ¿Qué impacto tiene esta situación?
Rocha es acusado de narcotráfico, lavado de dinero y asociación delictiva con el Cártel de Sinaloa. Es una acusación fuerte, pero difícil de desestimar proviniendo del país de las barras y las estrellas, que exige una respuesta clara y contundente al respecto por parte de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. Sin embargo, ¿qué se le puede responder a Washington que le satisfaga, pero al mismo tiempo que no evidencie el vínculo de Morena con el crimen organizado?
Tras la acusación, otros acontecimientos agravan la situación. Primero, la casa de Rocha fue baleada, clara señal de que lo buscan eliminar para evitar que pueda ser extraditado a EUA y que “cante” los acuerdos que hizo con los llamados “Los Chapitos”.
Segundo, una lista de funcionarios de distintas áreas y niveles de gobierno en Sinaloa, quienes presuntamente colaboraron con el gobernador en licencia y el crimen organizado, ha sido expuesta, por lo que empeora el panorama y multiplica a los implicados y a las voces posibles que puedan colaborar con la justicia en Washington.
Tercero, y más preocupante para Morena, es la entrega voluntaria de quien fuera el secretario de Seguridad Pública del gobernador Rocha a los estadounidenses con el ánimo de colaborar y ser testigo protegido en este caso candente, lo que supone una fuga de información que pondría en inconmensurables aprietos al partido oficialista mexicano.
Varios han comentado que el crimen organizado fondeó al movimiento de regeneración nacional en sus albores, permitiendo que años después su líder, Andrés Manuel López Obrador, pudiera controlar varias áreas del país bajo dominio del Cártel de Sinaloa y hacerse de votos para las elecciones presidenciales de 2018.
Así, la situación ha cobrado suma notoriedad en México, convirtiéndose en el principal tema de diálogo en el espacio público. No obstante, parece que no todos lo quieren atender y prefieren ignorarlo empleando maromas y otros artilugios para no emitir ninguna declaración que alimente la polémica, como es el caso de la presidenta mexicana.
A Sheinbaum se le ve desdibujada, sin saber qué hacer ni qué decir. A cualquier pregunta en torno al caso de Rocha, su respuesta es elusiva, señalando que no tiene conocimiento para aportar. Vaya, “nadar de muertito” no es suficiente en este catastrófico escenario para Morena. Quizá para otros temas podía hacerlo, pero en este, para nada, no va a solucionar las cosas, al contrario, va a hundir la credibilidad del partido y la de sus figuras, empezando por el líder del movimiento y continuando con ella.
De confirmarse lo de Rocha, la historia de Morena se habrá cimentado en una mentira. Su valor moral, que tanto aclamó López Obrador, sería nulo. Su legitimidad se caería al suelo, su pertinencia en el poder se disolvería y su calidad como alternativa para México, quedaría pulverizada. Podríamos estar presenciando el principio del fin del actual partido oficialista. Como dice el dicho, “lo que comienza mal, termina mal”.
Historiador e internacionalista
@NielsRosasV (X)