Niels Rosas Valdez

Efectos del capricho trumpista

En los días pasados, se han intensificado los ataques de Estados Unidos de América (EUA) a la República Islámica del Irán. Muchos pensaron que las tensiones aminorarían después de las varias negociaciones y pausas en el conflicto que hemos presenciado en las semanas anteriores. No obstante, una nueva escalada se observa en la guerra entre estadounidenses e iraníes, marcando una nueva ola de tensiones cuyos efectos trascienden lo militar. ¿Cuáles son éstos y qué impacto tienen en la región?

Los bombardeos atribuidos a EUA contra Irán, en concurrencia con los ataques de este último contra objetivos en la región, configuran una dinámica en la que el daño potencial sobre la población civil tiende a intensificarse aun cuando los objetivos sean presentados como militares. En términos operativos, el riesgo no se agota en el punto de impacto, que es la afectación de infraestructura particularmente la energética y de logística, sino que tiende a producir efectos sistémicos que repercuten en servicios esenciales.

Por ejemplo, la interrupción del suministro eléctrico compromete el funcionamiento de hospitales, la cadena de refrigeración para alimentos y fármacos, y la disponibilidad de agua segura; las perturbaciones en el transporte y el abastecimiento dificultan la distribución de insumos críticos; y los eventos explosivos incrementan la probabilidad de lesiones indirectas por fragmentación, incendios secundarios y colapso parcial de estructuras. En escenarios de alta incertidumbre sobre el alcance y la precisión de los ataques, la población civil queda expuesta no solo al daño físico inmediato, sino también a un deterioro progresivo de condiciones de vida y protección básica. Este es uno de los efectos más severos en la guerra.

En paralelo, el comportamiento de Irán en conflictos regionales, sobre todo mediante el empleo de misiles y drones contra objetivos que se ubican en otros países de la región, refuerza un patrón de escalamiento que tiende a expandir el perímetro de riesgo. Cuando los objetivos se vinculan con sistemas de seguridad, infraestructura estratégica o capacidades de proyección militar, las respuestas defensivas frecuentemente activan redes de vigilancia y contramedidas que, aun con la intención de neutralizar amenazas, pueden generar consecuencias colaterales, como lo son mayor densidad de fragmentos y fallos de intercepción, incidentes asociados a la caída de material y efectos indirectos en áreas urbanas cercanas.

Así, aunque cada actor enmarca su accionar como respuesta a amenazas y como medida de contención, los mecanismos materiales del conflicto, como lo son la selección de objetivos, la probabilidad de daño indirecto y la respuesta en cadena, operan de manera que la carga humana recae de forma desproporcionada sobre quienes no tienen capacidad de decisión política ni control sobre el despliegue de la fuerza. Es una situación sumamente lamentable, pero muy recurrente cuando hablamos de conflictos bélicos. La población civil es la más afectada desde el punto de vista material, psicológico y, desde luego, en términos de vidas.

Nuevamente, podemos observar un conflicto que ha socavado la vida de millones de personas en Irán y en la región del Medio Oriente sólo por los caprichos de una persona de saco y corbata sentado a miles de kilómetros y sin afrontar las consecuencias de su imprudencia.

Niels Rosas Valdez

Historiador e internacionalista

@NielsRosasV (X)

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