El acercamiento comercial entre Canadá y China ha sorprendido a más de uno, pero de la misma forma es un resultado previsible. Por mucho tiempo, parecía lejana la posibilidad de que los socios comerciales más cercanos de Estados Unidos (EU) se acercaran a su rival número uno, pero hoy en día parece la opción más viable ante el evidente caos que se ha desatado desde la Casa Blanca con la nueva política comercial del presidente Donald Trump.
Puede que el lineamiento central del mandatario republicano, America First, goce de gran popularidad en la base trumpista, pero ha causado severos problemas para EU en el mundo. Esta política de Trump ha llevado al gobierno estadounidense a establecer aranceles a decenas de países en el mundo en el llamado “día de la liberación”, mermando la confianza que las naciones tienen de Washington.
En vez del diálogo, Trump ha optado por la coerción y ha hecho de los aranceles su estrategia más previsible, pero también más eficiente al momento de querer conseguir algo de los gobiernos de otros países. En consecuencia, la imagen, el prestigio y la confianza en EU se ha desdibujado a nivel mundial, empujando a varias naciones a conducir acciones que no habrían hecho si el presidente estadounidense no hubiese cambiado el statu quo.
Trump ha roto también la dinámica de relación cercana con los países de Norteamérica, sus principales socios comerciales y aliados estratégicos. Por más de 30 años la relación comercial entre México, Canadá y EU había progresado y se ha consolidado como muy pocos procesos de regionalización lo han sabido. El TLCAN y posteriormente el T-MEC consolidaron la dependencia mutua bajo la promesa de estabilidad, certidumbre y reglas claras, pero en un abrir y cerrar de ojos eso lo ha suprimido el inquilino de la Casa Blanca.
Ahora, la estabilidad del T-MEC se pone en duda nuevamente, en esta ocasión por las secuelas del caos generado por EU. Con el acercamiento comercial sino-canadiense, pactado por Ottawa y Beijing, la dinámica comercial en la región norteamericana tendrá cambios que pueden llegar a ser preocupantes. Hasta ahora, Washington había mantenido a raya a la Ciudad de México en sus intentos de integrar un poco más su economía a la del gigante asiático, pero ahora que se ha sumado Canadá en esa puja, los tentáculos del país de las barras y las estrellas quizá sean más cortos y débiles para impedir tal interés.
Canadá tomó su decisión: seguir colaborando en el T-MEC, un compromiso de largo plazo, pero sin aceptar las ataduras de Trump. El primer ministro canadiense intentó negociar con su similar estadounidense, pero ante la negativa recibida, optó por asegurar un socio comercial que le pudiera brindar suculentos dividendos, sin importar que ese fuese el enemigo número uno de EU en el aspecto económico. ¿Y qué pasará con México?
Nuestro país debe actuar pronto ante esta coyuntura. El acuerdo entre Canadá y China es un recordatorio incómodo, pero necesario de EUA con Trump no es un socio confiable. México aún está a tiempo de decidir si será un actor que se adapta y aprovecha el nuevo orden comercial, o si seguirá reaccionando tarde a decisiones que se toman sin él.

