Niels Rosas Valdez

8M: una deuda longeva

La igualdad de género no es una causa exclusiva de las mujeres

Es cierto que el mundo ha cambiado de siglos y décadas a la actualidad, pero lamentablemente hay situaciones que persisten. Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer vuelve a colocar en el centro del debate público una conversación que no debería limitarse a una sola fecha. La igualdad de género va más allá de las marchas, los mensajes institucionales o las discusiones en redes sociales. Representa una oportunidad para reflexionar sobre la sensibilización social, una tarea colectiva que aún está lejos de completarse.

La sensibilización va más allá de simplemente informar. Implica comprender, reconocer y cuestionar las desigualdades que en muchas ocasiones se han normalizado dentro de la vida cotidiana. Por mucho tiempo, las prácticas, ideas y expectativas sobre lo que “deben ser” hombres y mujeres se han transmitido de generación en generación sin cuestionar ni reflexionar en su contenido y consecuencias. Por ende, promover la igualdad de género necesita cambios legales o institucionales, pero también una transformación social y cultural que comience en la forma en que entendemos nuestras relaciones y nuestro entorno.

La sensibilización ayuda a evidenciar lo que, a menudo, pasa desapercibido. Y es que la desigualdad no siempre se alcanza a observar. A veces se manifiesta en las oportunidades laborales que no llegan por igual, en los estereotipos que limitan aspiraciones o en la distribución desigual de responsabilidades dentro del hogar. Cuando identificamos estas situaciones, es que podemos analizarlas y cuestionarlas para poder hacer el cambio necesario.

Así, el 8M cumple la importante función de poner sobre la mesa conversaciones que durante mucho tiempo fueron olvidadas, ignoradas o minimizadas. No se trata sólo de señalar problemas, sino de invitar a la sociedad a entender por qué la igualdad de género es un objetivo que beneficia a todos sus integrantes.

En este contexto, la educación se convierte en una de las acciones más importantes para fortalecer esta sensibilización. Desde la infancia, las escuelas y las familias deben contribuir a formar generaciones que comprendan el valor del respeto, la equidad y la diversidad, y así alejarnos de los estereotipos y las prácticas que evoquen a las violencias de cualquier tipo y así construir bases más sólidas para una sociedad más justa.

Puede que para algunas personas sea un tema difícil de asimilar y por ello se confunda su ánimo. La sensibilización no busca dividir, sino crear las bases para una sociedad igualitaria que permita el avance de todos sus integrantes. Por ello, la igualdad de género no es una causa exclusiva de las mujeres, sino un compromiso social que implica la participación de todas y todos. Involucra a personas, instituciones, comunidades y gobiernos. Solo así, con una comprensión compartida del problema, será posible avanzar hacia soluciones duraderas que incidan en el día a día.

De esta manera, el 8M debe entenderse como un mensaje constante para la sociedad y sus componentes. Es un recordatorio de que aún existen desigualdades que atender, e invitación a mirar nuestro entorno con mayor conciencia. Sensibilizar es el primer paso para transformar. Y solo cuando una sociedad logra reconocer la importancia de la igualdad de género, puede comenzar a construir un futuro más justo, incluyente y respetuoso para todas las personas.

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