Nayeli Rosas

Yayoi Kusama, la artista que nació y venció al miedo

Murió a los 97 años, pero su vida artística comenzó mucho antes de que el mundo supiera quién era. Yayoi Kusama empezó a pintar alrededor de los diez años, precisamente cuando comenzaron también las experiencias que marcarían para siempre su manera de mirar el mundo como los patrones de lunares convertidos en alucinaciones parecían multiplicarse y moverse. El pasado 14 de agosto murió en un hospital de Tokio, pero su estudio decidió hacer pública la noticia hasta este 27 de agosto. Se fue una de las artistas japonesas más influyentes del arte contemporáneo y una de las artistas que convirtió una experiencia íntima en un lenguaje visual reconocido en todo el mundo.

Kusama es, en muchos sentidos, un ejemplo de cómo el arte puede convertirse en una forma de enfrentar tus miedos. Convirtió su caos interno en arte, supo traducir sus temores en llevando su terapia a redes infinitas.Construyó espacios inmersivos, mismos que la convertirían en un referente.

Su historia estuvo marcada por experiencias dolorosas desde la infancia, durante los años sesenta realizó happenings y acciones contra la guerra, utilizando el cuerpo, la repetición y los espacios públicos como escenarios de provocación. El contexto político terminó encontrándose con una obsesión que ella llevaba dentro desde antes de los 10 años.

Quizá por eso sus puntos resultan mucho más complejos de lo que parecen. Un punto puede parecer una forma sencilla, incluso infantil, pero en Kusama se convierte en una unidad del infinito. Un punto junto a otro deja de ser un punto aislado y comienza a formar una red; la red se expande; la expansión elimina el centro; y cuando el espectador entra en una de sus instalaciones de espejos, también él queda atrapado dentro de esa lógica. Ya no contempla solamente una obra: se convierte en una pequeña parte de ella.

En Nueva York, Kusama encontró un escenario artístico dispuesto a recibir sus experimentos. En 1959 presentó en la Brata Gallery sus enormes pinturas “Infinity Net”, obras construidas mediante una repetición obsesiva de pequeñas marcas que cubrían la superficie del lienzo a base de puntos o lunares en repetición.

Kusama logró que una obsesión se convirtiera en una experiencia colectiva. El dolor por sí mismo no crea una obra. Lo extraordinario de ella, fue su capacidad para darle lenguaje pictórico a la amenaza que vivía en su cabeza, al tratar a ese o esos fantasmas que le provocaron sufrimiento en su forma de vida.

Su reconocimiento internacional, llegó en distintas etapas, pero de manera culmen sería hasta sus 70 años, lo cual demuestra que ser una mujer recordada dentro de la historia del arte no siempre reconoce a tiempo a quienes están transformando sus lenguajes y ella lo logró.

Parte importante que nos deja su vida es que aunque siempre estuvo trabajando sobre cómo enfrentar a sus demonios, lo hizo como toda una guerrera con disciplina y hoy logra ser recordada como una mujer valiente en la historia del arte que transformó su sensibilidad extrema en un universo infinito.

Te recomendamos