Esta semana se vino con todo y ojalá nos alcance el tiempo para ir a ver lo que estarán exponiendo buenos amigos, uno de ellos es Rubén Maya en la CDMX, en la Academia de San Carlos, titulada “Transmutaciones del ser–animus–sombra”, con un total de 200 piezas, en donde nos cuenta a través de una narrativa gráfica intensa, la dualidad, la introspección y la sombra como territorios de reflexión y tránsito, en dibujo con pastel, pastel sobre tela, sobre tinta y acrílico.
En esta muestra, Maya, juega con las presencias energéticas activas, las cuales, fueron la fuente principal para ello, por lo que veremos en la exposición tendrá un negro profundo.
Desde el 2020 a la fecha, el alma y las sombras, son la constante que sirve para reflejar a seres mutantes, que transmutan del ser cotidiano al ser extraño, ese ser raro que no existe en un plano físico, pero que es enlazado con símbolos, en materia a través de sus distintas técnicas.
Al ver a estos personajes, nos recuerda que sí tiene relación con la iconografía de obras anteriores. Este proyecto expuesto en el Centro Cultural San Carlos, no está enlazado con el sistema nacional de creadores, únicamente con la parte de la iconografía para mantener el mismo estatus creativo característico del artista, cuya obra estará vigente en esa sede, hasta el 2 de abril.
A diferencia de lo expuesto en Torreón o en San Luis, donde se había hecho un trabajo de instalación con personajes tridimensionales, y con petrograbado, donde unifica el concepto evidencia, memoria y el arte a base de carbón, Maya nos demuestra que su muestra está conectada con las tres áreas de desarrollo (pintura, evidencia sonora y de instalación).
El trabajo ancestral del conocimiento que nos hace partícipe Maya, permite transmitir sensaciones, gracias al acomodo en la intervención que lleva el espacio de sus obras expuestas a través de distintos recursos formales, pero con la misma coherencia técnica, activando la evidencia de cada uno de nosotros en las zonas más profundas de nuestro ser se refleja la parte inconsciente de lo que conocemos, para dar sentido de identidad.
Es por ello la diferencia en cuanto a formatos, mientras que algunas son de 6 metros por 1.40 de ancho, otras más son en formato pequeño -7 de diámetro-, expuestas en las Galerías Pelegrín Clavé y Centenario, mismo lugar, donde se presentó el trabajo de Diego Rivera, Siqueiros y Orozco, mientras fueron alumnos de Gerardo Murillo.
Así como también ha sido sede de exposiciones de grandes artistas como Goya y Rembrandt, salas históricas, en las cuales no es fácil ser “el artista invitado”, así que es un privilegio que Maya está hoy allí, porque la Academia de San Carlos da parte a los artistas que le dan identidad y cultura a la historia de México.
La idea fundamental, al entrar a la sala, es que los entes retratados, logren familiarizarse con los entes energéticos contenidos en el espacio, para que pueda existir una transmutación de origen al mutante, al menos en lo que finaliza la exposición en San Carlos.
Y al mismo tiempo en que se inaugura la obra de Maya, se presentará “Plasma” de Virginia Ortega en Oaxaca, quien nos mostrará un colectivo de artistas comunitarios, quienes, a través de su obra y su sensibilidad cercana al pensamiento oriental, nos muestran el vacío que no aparece como ausencia, sino como potencial pleno en su plano pictórico.
Donde se realiza un diálogo con la física cuántica con códigos abiertos, no para ser descifrados, sino para ser habitados, buscando al igual que Maya, la idea de aproximarse a la tecnología ancestral, donde se alinea el cuerpo, la percepción y la energía, como un puente entre dimensiones: materia y conciencia, caos y orden, intuición y conocimiento. Invitando a detenerse, percibir y reencontrar aquello que, aunque es invisible a nuestros ojos, se sostiene de cualquier manera en otras dimensiones.
Esta exposición podremos verla todo este mes en el espacio cultural “Salón de los Cristales” en San Agustín Etla, Oaxaca.