En las últimas semanas, ha salido el tema con distintas personas sobre este nuevo fenómeno que ha comenzado a circular entre los jóvenes, primero en Argentina, y de ahora que se ha expandido a todas partes. Se trata del término “therians”, que son chicos que, según afirman, sienten una conexión especial con un animal y, por ello, adoptan una mezcla de características humanas y animales. Este fenómeno comenzó a ganar terreno, principalmente, en redes sociales como TikTok e Instagram.
Ante este panorama, me di a la tarea de investigar si, a lo largo de la historia del arte, algún artista —ya sea del pasado o contemporáneo— ha representado de manera pictórica algo similar a este “trend” con el que algunos jóvenes parecen sentirse identificados. La expansión del fenómeno de los “therians” ha ido en aumento, generando, por un lado, confusión en algunos sectores y, por otro, una sensación de pertenencia en los adolescentes que adoptan esta nueva identidad. Algunos podrían argumentar que, en nuestra época, existían movimientos como los “emos”, los “darktetos”, o los “punketos”. Hoy, quienes se muestran escépticos, podrían considerarlos “inadaptados” o incluso llegar a pensar que algo les faltó en su desarrollo por pensarse así. Todo depende del prisma desde el cual se observe.
Ahora bien, un punto de reflexión interesante se encuentra en las obras de Cassius Marcellus Coolidge, un artista estadounidense que en 1894 retrató una escena bastante peculiar: “perros jugando al póker”. Este trabajo fue encargado por la empresa Brown & Bigelow con fines publicitarios, pero a través de un enfoque sarcástico, reflejaba la crítica hacia la clase alta y su afición al exceso al juego, reflejado con puros perriamigos y tequilas. En sus más de dieciséis pinturas al óleo, representadas en sus distintas etapas que duraron hasta 1910, los perros eran vistos como si se tratara de una reunión de humanos jugando juegos al azar. Si trasladamos esta idea al presente, podemos imaginar cómo los “therians” podrían protagonizar una escena similar, humanizando aún más el concepto de los perros en una partida de póker.
Esa serie de Coolidge, aunque humorística, se convirtió en un testimonio visual de las reformas sociales de la época, marcadas por el auge de la cultura del consumo desenfrenado, más o menos como el de ahora. Donde tenía no solo como propósito el de hacer reír, sino también el de reflejar una realidad humana que, en su momento, era reconocida por la sociedad. Hoy, los jóvenes “therians” podrían reinterpretar esa crítica a su favor siempre y cuando fueran más serios en su discurso, así como en la organización de sus eventos masivos que deja mucho que desear.
En la actualidad, un ejemplo interesante sobre este fenómeno social dentro de las artes es el trabajo del artista americano, Matthew Grabelsky, quien desde el 2019 aborda desde entonces esta metáfora actual. A través de una técnica realista al óleo, inspirada en pintores del siglo XIX. Grabelsky retrata a humanos con cabezas animales, fusionando lo humano y lo animal en un contexto cotidiano. En una de sus piezas, por ejemplo, vemos a un padre “humano” con cabeza de zorro que acompaña a su hijo a la escuela y este a su vez sostiene a su peluche de zorro.