Hay personas que nacieron con un talento especial que sin importar que su experiencia de vida sea buena o mala, pueden platicarte en una reunión una historia que te deja con un asombro tal con su manera tan natural de contar ese relato.
Algunos de ellos se quedan en solo contar historias en pláticas familiares o con amigos, otros convierten ese talento en literatura y hoy conocemos a grandes escritores que soy de la idea que así fue como comenzaron a realizar sus grandes historias.
Dentro de la música, supongo que a más de uno, le ha pasado lo mismo. Y es por ello que en esta ocasión les quiero platicar de Edgar Ocesansky, a quien veo como un artista que desde siempre tuvo ese talento, con esa voz inconfundible. Un músico al que siempre lo acompañaron sus demonios como a todos, pero que supo convivir con ellos, los venció y los transformó en lo que hoy conocemos ahora sobre sus canciones.
Tal vez el haber estudiado psicología, le sirvió para encontrarse de manera genuina a sí mismo, y para servir de inspiración a sus futuras letras como cantautor. El día de hoy ese amor por la música, acompañado de su entrega de muchas décadas, lo han llevado a Suecia, donde comparte a través de su talento que sí se puede vivir de lo que uno realmente ama.
Hay artistas que requieren de traducción y hay otros de manera natural actúan como un puente entre culturas, incluso cuando el idioma, la distancia y las costumbres parecen marcar fronteras.
Hace unas semanas, en Gotemburgo, Suecia, Edgar Oceransky se presentó por primera vez ante el público sueco como parte de su gira europea “50 años tour”. El escenario fue Porter Pelle, uno de los espacios de música en vivo más reconocidos de esa ciudad, y el formato no pudo ser más cercano: voz y guitarra frente a un público dispuesto a escucharlo.
Oceransky, demostró que no llegó por casualidad a ese lugar como un artista improvisado, si no que detrás de esa primera presentación allí, cuenta con una trayectoria de más de tres décadas y eso sin duda se notó al ver el gusto de la gente, dejando ver que la verdadera dimensión de un cantautor se encuentra en esa capacidad seguro de sentarse con su guitarra, contar una historia y conseguir que alguien que acaba de conocerlo sienta que esa historia también le pertenece, y eso no lo hace cualquiera, esa es la diferencia.
No por nada si observamos que, en su recorrido artístico, Oceransky ha compartido escenario y colaborado con figuras fundamentales de la música iberoamericana, entre ellas Pablo Milanés, Armando Manzanero y Francisco Céspedes. También es considerado creador de Trovafest, uno de los encuentros más importantes dedicados a la canción de autor, un espacio que durante años ha contribuido a mantener vigente un género que, cada vez más, tiende a perderse.
El concierto que ofreció en Gotemburgo, Oceransky, fue tan íntimo que permitió precisamente eso: establecer una comunicación directa con los asistentes, donde a través de su música, creó atmósfera en la que la distancia geográfica parecía desaparecer.
Que este cantautor mexicano haya llegado por primera vez a Suecia, dejando una respuesta positiva a los asistentes deja bien parados a los siguientes artistas mexicanos que decidan emprender este viaje, por lo pronto el artista estará representándonos en España, donde seguramente estrechara un lazo tan fortuito que servirá como un inicio a un vínculo que apenas comienza, diciendo de alguna manera que la cultura mexicana no tiene fronteras y más porque logró encontrar este cantautor oídos dispuestos a escuchar su historia o varias historias a través de la canción.
Hablar de Edgar Oceransky también implica reconocer la zona incómoda que acompaña a su trayectoria. Su nombre quedó marcado desde 2022 por acusaciones de acoso y abuso sexual, sin embargo eso no le resta su talento, tampoco debería convertirse en una absolución moral: reconocer el talento de un creador y, al mismo tiempo, mantener una mirada crítica frente a los señalamientos que pesan sobre él son dos ejercicios que pueden —y quizá deben— coexistir.