Antes, viajar en avión dentro de México era una posibilidad relativamente alcanzable para muchas familias. Había promociones, vuelos baratos, rutas nuevas y hasta la sensación de que conocer el país era cada vez más fácil. Hoy la realidad parece completamente distinta: boletos imposibles, escalas absurdas, rutas canceladas y precios que, en ocasiones, hacen más barato salir al extranjero que volar dentro del propio país. Y lo más frustrante es que no hablamos de vuelos a Europa o Asia. Hablamos de ir de Querétaro a Cancún, de Monterrey a Mérida, de Tijuana a Oaxaca. Viajar dentro de México se está convirtiendo en un privilegio. Las aerolíneas mexicanas atraviesan uno de sus momentos más complicados en años. Aeroméxico, Volaris y Viva Aerobus han tenido que ajustar rutas, reducir frecuencias y operar bajo costos cada vez más altos. El combustible aéreo sigue siendo uno de los principales golpes para la industria, pero no es el único problema. También pesan la inflación, el dólar caro, el aumento en tarifas aeroportuarias y la saturación de varios aeropuertos del país. El resultado lo estamos viviendo los pasajeros. Hoy una familia mexicana tiene que pensarlo dos veces antes de comprar un vuelo. Muchas veces el boleto cuesta más que todo el hospedaje del viaje. Otras veces simplemente ya no existe la ruta directa que antes conectaba ciudades importantes. Lo que antes era un vuelo de una hora, ahora puede convertirse en una odisea de ocho horas con escalas innecesarias en Ciudad de México o Monterrey.
Y entonces aparece la desesperación. Porque este era el año en que muchos queríamos volver a viajar más, sobre todo en nuestro México. Después de años difíciles económicamente y emocionalmente, la gente quiere salir, conocer playas, visitar familia, tomar vacaciones, descansar. El turismo ya no es solo lujo; para muchas personas es salud mental, convivencia y calidad de vida. Pero el sistema parece estar empujando al mexicano a quedarse en casa. Lo más preocupante es que México vive una contradicción enorme. Somos una potencia turística mundial. Recibimos millones de visitantes extranjeros cada año, promovemos destinos espectaculares y presumimos récords turísticos constantemente. Sin embargo, el propio mexicano cada vez tiene menos posibilidades de recorrer su país. Hay destinos que prácticamente se “dolarizaron”. Lugares como Tulum, Los Cabos o incluso ciertas zonas de Cancún ya parecen diseñados más para el turista extranjero que para el visitante nacional. Ahora también los vuelos empiezan a seguir esa misma lógica. Y cuando no hay competencia suficiente en rutas regionales, los precios suben todavía más. En muchos aeropuertos pequeños o medianos ya casi no hay opciones. Si una aerolínea cancela una ruta, simplemente desaparece la conectividad. El pasajero queda atrapado pagando lo que haya. La pregunta es inevitable: ¿qué estamos haciendo mal como país para que viajar dentro de México sea tan complicado? Porque un país conectado genera turismo, negocios, inversión y desarrollo regional. Cuando las rutas desaparecen y los boletos se disparan, también se frenan economías locales enteras. Restaurantes, hoteles, transportistas y pequeños comercios.
Queridos lectores, no sé si compartan mi sentir, viajar no debería ser un lujo imposible dentro de nuestro propio país. México tiene algunos de los destinos más impresionantes del mundo, y todos deberíamos tener oportunidad de conocerlos. ¿Están de acuerdo?