Hace todavía 15 años, el pasaporte mexicano y tramitar la visa, sobre todo la americana, era para muchos un documento aspiracional, casi simbólico. Se tramitaba con ilusión y, sí, también con reservas. En 2010, México emitía alrededor de dos millones y medio de pasaportes al año. No era poca cosa, pero hablaba de un país donde viajar al extranjero seguía siendo una experiencia limitada a ciertos sectores, a ciertos momentos de la vida y, muchas veces, a ciertos miedos. El miedo a no tener dinero suficiente, el miedo al “qué dirán” y, sobre todo, el miedo a la visa: a no pasar la entrevista, a ser rechazado, a sentirse observado y juzgado por querer salir. Quince años después, el panorama es otro. Hoy el pasaporte mexicano se tramita por millones y a un ritmo que habría parecido impensable entonces. En años recientes, la cifra anual ya no solo duplica la de 2010, sino que la rebasa con holgura. Hablamos de millones de personas más que, cada año, deciden tener en el cajón, o en la mochila, la posibilidad real de cruzar fronteras. No porque tengan un viaje inmediato, sino porque ahora entienden el pasaporte como lo que es: una herramienta de libertad.
Una libertad que no es abstracta. El pasaporte mexicano permite hoy entrar sin visa previa a más de 150 países. Hace 15 años eran decenas menos. Esa diferencia se traduce en decisiones concretas: comprar un boleto sin semanas de trámites, aceptar una invitación de trabajo, estudiar un semestre fuera, o simplemente viajar por el gusto de conocer. El mundo, literalmente, se volvió más accesible para el mexicano promedio. Pero quizá el cambio más profundo no está solo en las cifras, sino en la mente. Antes, tramitar una visa era una experiencia cargada de ansiedad. El rechazo parecía casi inevitable y, para muchos, humillante. Hoy, sin que los requisitos hayan desaparecido, el miedo ha disminuido. Hay más información, más historias de éxito cercanas, más normalización del viaje internacional. La idea de “seguro no me la dan” ha ido cediendo espacio a un “vamos a intentarlo”. Y ese cambio cultural es enorme.
Para mexicanos, las visas estadounidenses están entre las más solicitadas del mundo, principalmente: B-1/B-2 (turismo y negocios). Por mucho, la visa más solicitada por los mexicanos. Y aunque no hay una estadística global completa del volumen de solicitudes para todos los países en el mundo, otros destinos populares entre los mexicanos que requieren visa son: Reino Unido, Canada, destinos como China, Australia, Tailandia, Cambodia o India requerirán visado tradicional, y aunque no están en el mismo volumen que EE. UU., también generan solicitudes serias entre quienes viajan por turismo, negocios o estudios. Viajar ya no se percibe como un privilegio ajeno, sino como una posibilidad alcanzable. Más mexicanos se atreven a salir, a mirar otros países sin sentir que están cruzando una línea invisible que no les pertenece.
Queridos lectores, en el fondo, estas cifras hablan de algo más que documentos oficiales. Hablan de un país que se mueve, que se abre, que entiende que salir no es traicionar raíces, sino ampliarlas. Hoy México viaja más porque también se siente más libre para hacerlo. Y esa, más allá de cualquier estadística, es una de las transformaciones sociales más silenciosas y poderosas de los últimos 15 años.
Periodista y conductora
Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022
Otorgado por la OMPT
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