Vamos al grano, hay algo que los huracanes pueden cambiar mucho más que el paisaje: y eso es, nuestra manera de entender los viajes. Durante años hemos asociado las vacaciones con una imagen casi perfecta: cielo azul, sol, playa, fotografías sin una nube y la certeza de que nada alterará nuestro itinerario. Queremos reservar con meses de anticipación y llegar al destino convencidos de que el clima también tiene la obligación de respetar nuestros planes. Pero ¡oh sorpresa!, la naturaleza no funciona así. Esta semana México volvió a recordarlo con el huracán Polo. El fenómeno llegó a convertirse en un poderoso huracán categoría 5 frente al Pacífico mexicano, con vientos sostenidos que alcanzaron alrededor de 260 kilómetros por hora. Aunque su núcleo permaneció mar adentro, su amplia circulación llevó lluvias intensas y riesgo de inundaciones y deslaves a distintos estados del occidente y sur del país. Y entonces aparece la pregunta que cada temporada de huracanes deberíamos hacernos: ¿Debemos tenerle miedo a viajar cuando llueve o cuando existe la posibilidad de un huracán? Y desde luego que la respuesta no es tan sencilla. Un huracán no es un espectáculo turístico. Cuando existe una alerta meteorológica, una orden de evacuación o condiciones peligrosas, la prioridad debe ser la seguridad. No se trata de desafiar a la naturaleza ni de pensar que porque un hotel sigue abierto nosotros necesariamente debemos llegar. Pero tampoco deberíamos convertir la palabra "lluvia" en sinónimo de "mal viaje", hay una enorme diferencia entre viajar durante la temporada de lluvias y viajar cuando un huracán está afectando directamente un destino.
Hay destinos que necesitan de la lluvia para convertirse en algo extraordinario. Uno de los mejores ejemplos está en Bolivia. El Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo se transforma durante la temporada de lluvias en una especie de espejo gigantesco. Una delgada capa de agua sobre la superficie refleja el cielo y produce esa imagen surrealista en la que prácticamente desaparece la frontera entre tierra y cielo. Pero, no hay que viajar tan lejos, al tener un clima semidesértico, nuestra Sierra Gorda Queretana retoma una belleza espectacular en temporada de lluvias. Desde luego, no podemos dejar de mencionar Tlaxcala, uno de los ejemplos más bonitos. La temporada 2026 de luciérnagas en Nanacamilpa y Calpulalpan que fue del 10 de junio al 9 de agosto, reporto más de 120 mil visitantes.
Los meses de mayor riesgo meteorológico coinciden, en determinados destinos, con periodos de menor demanda turística. Eso puede traducirse en mejores tarifas, promociones y mayor disponibilidad. Como en otras ocasiones les he mencionado, los cruceros se ponen baratos. Esto no significa que debemos subirnos a un barco sin preocuparnos por el clima, pero ojo, un barco puede cambiar de ruta. Las navieras cuentan con sistemas meteorológicos, monitoreo permanente y la posibilidad de modificar itinerarios para evitar una tormenta, siempre priorizando nuestra seguridad.
Queridos lectores, debemos tener en cuenta que hay lugares que no solamente se visitan con los ojos; también se visitan con el olfato, con el oído y hasta con la sensación de la humedad en la piel. Quizá el verdadero viajero no es el que nunca encuentra lluvia en sus vacaciones. Es el que sabe cuándo caminar bajo ella, cuándo disfrutarla y cuándo simplemente hacer la maleta para regresar.
Periodista y conductora
Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022
Otorgado por la OMPT
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