Sobre lo ocurrido en el Parque Fundidora en Monterrey, Nuevo León, y el niño que afortunadamente salió ileso al caer de una tirolesa, los comentarios tanto en redes sociales como en medios de comunicación no ayudan mucho, pues son netamente contradictorios, mientras que unos opinan que no debieron permitir que el pequeño subiera, otros dicen que los padres tampoco deben ser sobreprotectores, ustedes de qué lado están. Desde luego, la bolita culpable está entre los progenitores y la empresa que ofrece dichos servicios.
El gran periodista y escritor Gilbert Keith Chesterton escribió en sus tiempos: “la aventura podrá ser loca, pero el aventurero debe ser cuerdo”, y en buena medida esta paradoja nos recuerda que para saber si elegir o no este tipo de actividades, también debemos diferenciar lo que es el riesgo y peligro, puesto que toda actividad turística representa un riesgo, pero no todas un peligro y, desde luego, en nuestro criterio está aceptar o no si no está del todo controlado. Sé que parece un trabalenguas, pero quizá de esta forma podemos en algún momento decidir si la actividad de aventura que queremos realizar representa un peligro o sólo un riesgo del cual podremos salir avantes. Según la Real Academia Española (RAE), el peligro es el potencial inminente de causar algún daño, mientras que el riesgo es la probabilidad de que suceda. Un ejemplo sencillo para diferenciar es imaginar un cuchillo, que en sí podría ser un peligro; sin embargo, el riesgo dependerá de quien lo use, si lo utiliza un carnicero experimentado, el riesgo de que se corte será mínimo, no así, si lo dejas en manos de un niño, pues entonces la probabilidad será alta. En el caso de las tirolesas existen muchos riesgos: que se rompa, que los guantes se rasguen y te dañes las manos, que haya lesiones en las piernas e incluso peor, que te rompas un hueso si no existe un buen sistema de frenado, chocar contra árboles u objetos, y en caso de sufrir una caída podrías perder la vida dependiendo de la altura o del equipo que se utilice para amortiguar, todo lo anterior son probabilidades que pueden prevenirse para disminuir el peligro al cual se expone el usuario. Definitivamente el riesgo cero no existe, por ello, los operadores están obligados a informar al usuario a lo que se exponen, en lo que yo no estoy de acuerdo y para mí no debería ser legal, es la firma del documento que los deslinda de la causa de cualquier daño. Y no, no es el único accidente que ha ocurrido con niños practicando esta actividad, recordemos que el noviembre del año pasado dos niños chocaron en la tirolesa de la Plaza Town Square, en Metepec, el golpe fue fuerte, sin embargo, no pasó a mayores, después del incidente la atracción fue clausurada, por qué creen, no contaba con los permisos de operación.
A mi parecer, la responsabilidad sobre las decisiones de un menor de edad recae sobre los padres o tutores, cosa que nadie tiene derecho a juzgar, y la obligación sobre la seguridad y que el menor no corra peligro es de la empresa que presta el servicio; sin embargo, y ojo aquí, al firmar la famosa “carta responsiva”, los deslindamos de cualquier cosa que pudiese ocurrir, entre ello, la pérdida de la vida, y qué creen, injustamente ese otro porcentaje de la culpa regresa al firmante, ¿el prestador de servicios?, simple, se lava las manos. Queridos lectores, ustedes tienen la mejor opinión, buen fin de semana.
*Periodista y conductora
Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022
Otorgado por la OMPT
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