Natividad Sánchez

Termina lo festivo y comienza lo esencial

La falta de recursos, la sobrecarga de trabajo docente y la desigualdad en el acceso a la tecnología siguen siendo temas pendientes

Con el cierre del ciclo escolar 2024-2025 en gran parte del país el 16 de julio, y una vez agotado el lapso veraniego, es decir, las vacaciones de “46 días” que oficialmente se extendieron desde el pasado 19 de julio y hasta el 31 de agosto, comenzó el conteo regresivo que muchos esperaban para volver a la rutina. Un hecho sin precedentes, pues el nuevo ciclo escolar 2025-2026 no iniciará en agosto como suele ser habitual, sino hasta el lunes 1 de septiembre, una modificación histórica y significativa. La intención fue clara: incorporar una semana adicional de vacaciones para reconocer el esfuerzo docente, medida impulsada desde la presidencia y el SNTE, a costa de reducir los días efectivos de clase de 190 a 185. En fin, más allá de calendarios y cifras, existe una realidad menos visible: el síndrome postvacacional. Aunque más estudiado en adultos, también afecta a niños, generándose síntomas como desmotivación, irritabilidad y fatiga al retomar las actividades escolares tras un largo descanso. Créanlo o no, esta transición abrupta puede entorpecer el inicio del ciclo escolar, tanto en el estado de ánimo como en la disposición para aprender, pues, aunque es una nueva oportunidad de comenzar, muchos estudiantes regresan con algo de nostalgia, pero con la esperanza de encontrar algo nuevo: amistades, desafíos y logros personales.

Durante las semanas previas, las zonas turísticas de playa vivieron su último gran impulso de la temporada. En destinos como Cancún, Acapulco o Puerto Vallarta, la ocupación hotelera superó el 85%, reflejando no solo el deseo de las familias por aprovechar hasta el último día libre, sino también una importante recuperación del sector turístico. Pero, más allá del romanticismo vacacional, también es necesario hablar de los retos. En muchos lugares, las condiciones educativas aún están lejos de ser ideales. La falta de recursos, la sobrecarga de trabajo docente y la desigualdad en el acceso a la tecnología siguen siendo temas pendientes. Volver a clases no debería significar únicamente cumplir con un calendario, sino echarle un ojo a la calidad de ese regreso.

De igual manera no debemos perder de vista el aspecto financiero. Las vacaciones suelen implicar gastos relacionados con el entretenimiento, viajes, hospedaje y actividades recreativas, que, aunque pueden ser elevados, se perciben como opcionales. En cambio, el regreso a clases representa una serie de gastos obligatorios y necesarios, como útiles escolares, uniformes, mochilas y en algunos casos, cuotas, lo que puede generar una presión inmediata para las familias. Mientras que los gastos vacacionales están asociados al disfrute y al descanso, los del regreso a clases se vinculan con la preparación para un nuevo ciclo académico, haciendo que ambos periodos afecten el presupuesto familiar, pero de manera diferente en cuanto a prioridad y planificación.

Así que, queridos lectores, a mi parecer, más allá del fastidio que pueda provocar madrugar o la ansiedad frente a exámenes y tareas, volver a clases es un privilegio que no todos tienen. Y en un país que realmente quiera transformar su futuro, cada regreso a clases debe vivirse no como una rutina, sino como un acto de esperanza y de responsabilidad colectiva. Porque educar no es solo enseñar: es construir el país que queremos. ¡Adiós vacaciones y feliz regreso a clases!

Periodista y conductora

Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022

Otorgado por la OMPT

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