Natividad Sánchez

Silbatazo final; México no puede conformarse con haber sido un buen anfitrión  

El Mundial terminó para México dentro de la cancha, pero fuera de ella apenas empieza un partido mucho más largo: el del turismo, la imagen internacional y la oportunidad de convertir la emoción de unos días en una estrategia de país. Durante semanas, millones de visitantes no sólo vinieron a ver futbol. Vinieron a caminar nuestras calles, probar nuestra comida, usar nuestros aeropuertos, hospedarse en nuestros hoteles, convivir con nuestra gente y formarse una opinión propia sobre México. Y ahí está la gran oportunidad: muchos llegaron con una imagen construida por noticias alarmistas, series de narcotráfico y advertencias de inseguridad, pero se encontraron con un país mucho más amplio, cálido, alegre, moderno y diverso. México no puede conformarse con haber sido buen anfitrión. Ahora debe preguntarse qué harán esos turistas cuando regresen a sus países. ¿Contarán que México es peligroso o contarán que comieron increíble, que la gente los trató bien, que descubrieron ciudades vibrantes y que quieren volver? Esa conversación que tendrán en sus casas, en sus redes sociales y con sus amigos puede valer más que cualquier campaña publicitaria.

Pero para sostener esa buena impresión no basta con esperar. México necesita una estrategia clara de mercadotecnia turística post Mundial. Primero, debe recopilar y usar el contenido que los propios visitantes generaron: videos, fotografías, testimonios y experiencias reales. Hoy la mejor promoción no siempre sale de un anuncio oficial, sino de un turista diciendo: “yo estuve ahí y México me sorprendió”. También se deben crear campañas dirigidas a los países que más visitantes enviaron, con mensajes personalizados. A los europeos se les puede hablar de cultura, gastronomía, ciudades coloniales y rutas de aventura. A los estadounidenses y canadienses, de escapadas cortas, turismo médico, playas, gastronomía y experiencias premium. A los latinoamericanos, de cercanía cultural, eventos, compras y entretenimiento. El Mundial dejó estadios, infraestructura, rutas, capacitación y exposición internacional. Pero el verdadero legado dependerá de lo que se haga después. Si México logra conectar el futbol con sus playas, pueblos mágicos, viñedos, zonas arqueológicas, festivales, gastronomía y turismo de negocios, entonces el Mundial no habrá sido sólo un evento deportivo, sino una plataforma para vender al país entero.

Desde luego también es momento de reforzar la seguridad turística, la limpieza urbana, la movilidad, la atención en aeropuertos, la señalización bilingüe y la capacitación del personal que atiende visitantes. Porque la imagen de México no se construye solamente con comerciales bonitos; se construye cuando un turista llega sin miedo, se mueve con facilidad, recibe buen trato y siente que su dinero valió la pena.

Queridos lectores, el silbatazo final dolió porque terminó la ilusión futbolera, pero abrió otra posibilidad: que México aproveche la mirada del mundo para contar una historia diferente sobre sí mismo. Una historia donde no se niegan los problemas, pero tampoco se permite que sean lo único que nos define. México ya tuvo la atención internacional. Ahora necesita convertirla en confianza, la confianza en visitas futuras, las visitas en derrama económica y la derrama económica en desarrollo para sus destinos. La selección quedó fuera, sí. Pero el turismo mexicano todavía tiene todo por jugarse.

Periodista y conductora

Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022

Otorgado por la OMPT

Instagram @NatividadSancheB

Facebook.com/NatividadSánchezB

Te recomendamos