Natividad Sánchez

Qué hacer si me sorprende un desastre natural en otro país

Los destinos más preparados no son los que prometen seguridad absoluta, sino los que asumen que el riesgo existe y se organizan para enfrentarlo

Viajar es, en esencia, un acto de confianza. Confiamos en que el clima será amable, que todo estará perfecto y que nada extraordinario interrumpirá nuestros planes. Sin embargo, lo que no queremos ver, es que, puede haber imprevistos que superen cualquier itinerario: un terremoto, un huracán o una erupción volcánica, y cuando eso ocurre lejos de casa, sin duda, la vulnerabilidad es distinta, pues no conocemos las rutas de evacuación, no dominamos el idioma, y me atrevo a decir que ni siquiera investigamos cómo funcionan los sistemas de emergencia. El pasado miércoles se realizó el primer Simulacro Nacional del año en Ciudad de México, un sitio que ha hecho de la memoria sísmica una cultura cotidiana. La aunque “espantosa alerta sísmica”, no es un sonido más en el paisaje urbano: es una herramienta que ha demostrado salvar vidas. El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano detecta movimientos en las costas del Pacífico y envía una señal segundos antes de que las ondas más fuertes lleguen a la capital. Esos segundos pueden parecer mínimos, pero son la diferencia entre quedar atrapado en un elevador o buscar una zona segura. Para quien está de visita, escucharla por primera vez puede resultar aterrador, pero funciona.

La pregunta inevitable es si otros destinos cuentan con mecanismos similares. En Japón, por ejemplo, la tecnología de alerta temprana está integrada directamente en los teléfonos móviles; la notificación llega acompañada de un sonido distintivo que nadie confunde. En partes de Estados Unidos, especialmente en la costa oeste, existe un sistema que envía avisos automáticos ante movimientos detectados. Otros países no cuentan con segundos de anticipación sísmica, pero sí con sistemas de mensajería masiva para huracanes, incendios o inundaciones, utilizando tecnología de difusión celular que no requiere descargar aplicaciones ni tener un número local, siempre que el dispositivo tenga activadas las alertas de emergencia. Es decir, que si no las tienes activadas, puede ser que no te lleguen. En muchos casos, incluso con roaming internacional, los mensajes pueden llegar si el sistema del país utiliza la red celular para transmitir alertas públicas. Pero no es garantía. Vivir una contingencia en otro país exige una actitud distinta. No se trata de paranoia, sino de conciencia, de estar preparado. Al llegar a un alojamiento conviene identificar salidas de emergencia y puntos de reunión. En un desastre natural el principio es universal: proteger la vida antes que cualquier objeto. Alejarse de ventanas, no usar elevadores y esperar indicaciones oficiales suele ser la constante. En huracanes o tormentas severas, la tendencia del visitante es subestimar la fuerza del fenómeno por querer “aprovechar” el viaje, acto fatal. En incendios forestales, cada minuto cuenta y las evacuaciones no son sugerencias, son instrucciones.

Queridos lectores, la prevención no arruina la experiencia de viajar, la protege. Los destinos más preparados no son los que prometen seguridad absoluta, sino los que asumen que el riesgo existe y se organizan para enfrentarlo. Como viajeros debemos investigar y prepararnos, activar nuestros teléfonos, respaldar nuestra información de manera digital, y estar dispuestos a olvidar nuestras pertenencias por mucho valor que creamos que tengan. La naturaleza no distingue entre locales y turistas. La diferencia la marcará, lo preparados que estemos al enfrentar la situación, que esperemos nunca nos ocurra.

Periodista y conductora

Premio Internacional de

Periodismo Turístico 2022

Otorgado por la OMPT

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