Natividad Sánchez

Necesito unas vacaciones de las vacaciones

Algo extraño está pasando y es que cada vez más personas regresan de viaje necesitando… otras vacaciones. La escena se repite en aeropuertos, playas y ciudades turísticas. Un itinerario de tres días incluye ocho restaurantes, cuatro museos, dos playas, un mirador, un tour al amanecer, otro al atardecer y una lista interminable de lugares “imperdibles”. Hay que levantarse temprano para evitar filas, correr para alcanzar el siguiente recorrido, cambiar de hotel, tomar fotografías, grabar videos, subir historias y responder mensajes. Resulta que, el descanso se convirtió en toda una agenda repleta de actividades e incluso, quedas mas cansado que cuando vas a trabajar. Hoy parece existir una presión silenciosa por aprovechar cada minuto del viaje. Ya no basta con conocer un destino; hay que exprimirlo. Si fuimos a Cancún, además de la playa debemos visitar Isla Mujeres, Holbox, Chichén Itzá, Tulum, un cenote, un parque temático y, por supuesto, el restaurante viral de TikTok. Todo en cuatro días. El resultado, es el fenómeno que algunos especialistas llaman “leisure overload” o sobrecarga del tiempo libre: convertir el tiempo destinado al descanso en una sucesión de actividades que generan el mismo estrés que intentábamos dejar atrás.

No es una percepción aislada. Diversos estudios sobre bienestar y vacaciones muestran que una parte importante de los viajeros reporta sentirse sumamente cansados durante el viaje por la cantidad de desplazamientos, decisiones, filas, cambios de alojamiento y presión por cumplir el horario. La industria ha multiplicado las opciones disponibles, y el viajero moderno enfrenta un problema paradójico: demasiadas experiencias posibles y a eso, hay que sumar el costo por todo ese itinerario, que en definitiva no es para nada barato.

La paradoja es evidente: viajamos para sentir libertad, pero terminamos organizando el día con la precisión de una reunión de trabajo. Antes las vacaciones tenían menos opciones. Hoy cada destino ofrece cientos de recomendaciones, rankings, videos, listas de “los 20 lugares que debes visitar” y aplicaciones que optimizan rutas. La tecnología facilita el viaje, pero también puede convertirlo en un proyecto de eficiencia. Y por supuesto que eso tiene consecuencias al regresar. Muchos trabajadores vuelven con sensación de agotamiento, sueño acumulado y necesidad de “ponerse al corriente”. El famoso estrés postvacacional no siempre proviene únicamente del regreso a la oficina; en ocasiones también es consecuencia de unas vacaciones que nunca permitieron desconectarse realmente.

Queridos lectores, disfrutemos. Podemos tomar unos dias de locura y después unos dias de total relajación, porque quizá el lujo más escaso de nuestro tiempo ya no es el dinero para viajar, sino el tiempo sin objetivos. Un viaje en el que no pase nada extraordinario puede ser mucho más reparador que uno lleno de actividades. Permanecer tres horas frente al mar, caminar sin rumbo por una ciudad, repetir un café, conversar, dormir una siesta e incluso aburrirse un poco son experiencias que el turismo moderno ha empezado a subestimar. Porque si volvemos más cansados de lo que nos fuimos, quizá no viajamos para descansar. Viajamos para competir. Y tal vez el verdadero indicador de unas buenas vacaciones no sea cuántos lugares visitamos, sino qué tan diferente regresó nuestra mente. ¿Ustedes que opinan?

Periodista y conductora

Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022

Otorgado por la OMPT

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