La reciente muerte de Nemesio El Mencho Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha provocado un terremoto político, social y mediático a lo largo no solo de México. Lo que debería ser celebrado como un avance en la lucha contra el crimen organizado se ha transformado en un doloroso recordatorio de que la violencia en nuestro país sigue montada a la agenda internacional. Gobiernos como el de Alemania han reiterado advertencias a sus ciudadanos para que eviten viajar a zonas como Jalisco, Guanajuato y parte de Tamaulipas. Países como España, Estados Unidos, Canadá y Rusia también han solicitado precaución extrema ante la posibilidad de enfrentamientos y disturbios tras la caída del capo. Este tipo de pronunciamientos no son inocuos: son interpretados públicamente como señales de que México no es un destino seguro para turistas, justo en un momento en que la confianza extranjera es clave para sostener nuestra economía. El turismo representa más del 8% del Producto Interno Bruto, además de que para este año se esperaban cerca de 50 millones de visitantes antes de este episodio. Lo que muchos anuncios oficiales no han enfatizado es que no se trató solo de advertencias: hubo turistas varados por la violencia. En el caso de Jalisco, más de mil visitantes quedaron atrapados en el Zoológico de Guadalajara por los narcobloqueos en las rutas de salida. En Tapalpa, viajeros que ni siquiera sospechaban la importancia histórica del destino despertaron rodeados de helicópteros y disparos tras el operativo. Además, los vuelos se cancelaron o desviaron temporalmente y algunos turistas describieron la situación como “terrorífica”, atrapados entre fuego incluso en el aeropuerto, calles bloqueadas y falta de información.
La ironía aquí es dolorosa: nuestros destinos más icónicos, como Puerto Vallarta o Guadalajara, que se promocionan a nivel mundial, en momentos críticos son justamente los que enfrentan el escrutinio internacional más intenso. La coyuntura pone en entredicho lo que se ha venido conquistando con años de trabajo en materia de turismo cultural, de playa y gastronómico. Y este contexto llega justo cuando México se prepara para co-organizar la Copa Mundial de la FIFA 2026, evento que, sin duda, deberia atraer a millones de aficionados. Y aunque Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha expresado públicamente su “confianza” en que México garantizará seguridad, hay inquietudes tras la violencia.
Queridos lectores, la pregunta es: ¿se puede y se debe combatir al crimen organizado sin pagar un peaje tan alto en la percepción internacional? ¿Es aceptable que actos de violencia en sitios específicos terminen dictando la narrativa de seguridad de un país entero?
La respuesta no es simple. México necesita comunicar con transparencia y coherencia, reforzar protocolos claros para turistas atrapados en crisis y asegurar que advertencias internacionales reflejen realidades específicas y no panoramas generalizados que afecten destinos donde la violencia no está presente. Creo que más que esconder un problema, la estrategia debe ser articular cómo se gestiona la seguridad pública y la atención a visitantes en situaciones de riesgo. La lucha contra organizaciones criminales, sin excepción, seguirá siendo una prioridad, pero no se puede sacrificar el derecho de México a ser visto como un lugar abierto, vibrante y, sobre todo, seguro para quienes nos visitan y confían en nosotros.