Natividad Sánchez

La mochila de emergencia: ¿prevención inteligente o miedo inminente?

Hay objetos que uno guarda en casa por si acaso: una linterna, una caja de medicamentos, unas pilas que nunca parecen estar donde deberían y, desde hace algunos días, una mochila que comienza a ocupar un lugar protagónico en las conversaciones, las redes sociales y hasta en los planes familiares. La llaman mochila de emergencia y, de pronto, pareceque todos deberíamos tener una lista de supervivencia preparada junto a la puerta. El fenómeno tiene algo de curioso.Basta con que varios gobiernos hablen de reservas de agua, alimentos, documentos y artículos de primera necesidad paraque las redes sociales hagan lo suyo: relacionar los mensajes, construir teorías y alimentar una pregunta que inquieta a cualquiera: ¿saben algo que nosotros no sabemos? En México, la conversación cobró fuerza ante la coincidencia de recomendaciones similares en distintos países. Sin embargo, el 3 de noviembre, la Coordinación Nacional de Protección Civil tuvo que salir a aclarar que la difusión de la mochila de emergencia forma parte de sus campañas habituales deprevención y que no responde a la inminencia de una catástrofe ni a una alerta internacional.

Y aquí comienza la verdadera reflexión: ¿en qué momento prepararnos para una eventualidad empezó a parecernos una señal de que algo terrible está por suceder? Para la industria turística, esta conversación tampoco es menor. Viajar implica asumir cierto grado de incertidumbre. Los destinos están expuestos a fenómenos naturales, contingencias sanitarias, interrupciones de transporte y situaciones extraordinarias. Por eso, hoteles, aeropuertos, aerolíneas, operadores turísticos y autoridades locales deben contar con protocolos de actuación, comunicación y protección de visitantes. No basta con ofrecer una habitación cómoda o una excursión inolvidable; también hay que saber cómo proteger a quienes están lejos de casa cuando la normalidad se interrumpe. Y aquí hay una responsabilidad compartida.Los hoteles deben informar a sus huéspedes sobre las rutas de evacuación y los procedimientos de seguridad; lasaerolíneas necesitan mecanismos claros para atender a los pasajeros afectados por cancelaciones extraordinarias; los operadores turísticos deben saber cómo localizar y asistir a sus grupos, y las autoridades de los destinos tienen quecomunicar oportunamente las alertas y las medidas que deben seguir los visitantes. El viajero también tiene una responsabilidad: conocer las condiciones del destino, contratar un seguro adecuado, conservar copias digitales de sus documentos, llevar medicamentos indispensables, contar con una batería externa, tener a la mano los contactos deemergencia y saber cómo comunicarse con su embajada o consulado cuando viaja al extranjero.

No se trata de subir al avión con una mochila de supervivencia ni de convertir unas vacaciones en una expedición de riesgo. Se trata de incorporar pequeños hábitos de prevención. Quizá la mayor enseñanza de esta tendencia sea que debemos recuperar el sentido de la proporción. Preparar una mochila no significa que debamos cancelar un viaje,abandonar nuestros planes o vivir pendientes de una alarma. Tampoco significa que debamos ignorar las advertenciaslegítimas. Significa distinguir entre una recomendación, una alerta y una emergencia real.

Periodista y conductora Premio Internacional dePeriodismo Turístico 2022

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