Natividad Sánchez

Cuando el viaje se convierte en emergencia

Hay una pregunta que casi nadie se hace antes de viajar: ¿qué haría si un terremoto me sorprendiera en otro país? El reciente sismo de magnitud 7.4 que sacudió Colombia nos recordó una realidad incómoda: el turismo no está exento de las grandes tragedias. Mientras miles de personas intentaban rescatar a familiares entre los escombros, también había visitantes extranjeros atrapados en hoteles, aeropuertos, carreteras y ciudades que dejaron de funcionar con normalidad. Varias terminales aéreas suspendieron operaciones y decenas de viajeros quedaron incomunicados durante horas. La imagen del turista suele asociarse con descanso, fotografías y paisajes. Rara vez la relacionamos con protocolos de evacuación, réplicas sísmicas o centros de emergencia. Sin embargo, la industria turística ha cambiado. Hoy millones de personas viajan a destinos que, además de ser atractivos, están expuestos a terremotos, huracanes, incendios forestales, inundaciones o erupciones volcánicas. Y Colombia no es una excepción. El turista es más vulnerable de lo que cree. Cuando ocurre un desastre, el visitante enfrenta una desventaja evidente: no conoce el territorio. No sabe cuáles edificios son seguros, dónde están los hospitales, qué rutas de evacuación existen, qué autoridad coordina la emergencia ni cómo funciona el sistema local de protección civil. A esa incertidumbre se suma otro problema: el colapso de las comunicaciones. Después de un terremoto, las redes móviles suelen saturarse. El turista intenta llamar a su familia; la familia intenta localizar al turista; las aerolíneas reciben miles de consultas simultáneamente; los hoteles reorganizan huéspedes; las autoridades priorizan rescates. En cuestión de minutos, un viaje perfectamente planeado puede convertirse en una crisis logística.

Pero la parte más importante es hacer que los viajeros estemos preparados no solo para viajar, sino para una emergencia en caso de ocurrir, realizar algo tan simple como compartir el itinerario con un familiar, registrar el viaje en el consulado, contratar un seguro que cubra desastres naturales y descargar mapas que funcionen sin conexión. Además de conservar documentos, medicamentos y una pequeña reserva de efectivo. Parece un detalle menor, hasta que los cajeros automáticos dejan de funcionar o el hotel debe ser evacuado. Sin duda un punto importante a revisar es que los hoteles y plataformas de hospedaje deben informar claramente sus protocolos de emergencia. Asi como mostrar información sobre riesgos naturales. Los operadores turísticos necesitan capacitación en primeros auxilios y evacuación. Y los viajeros debemos asumir que viajar implica también una responsabilidad preventiva.

En definitiva, no se trata de vivir con miedo. Se trata de viajar con conciencia. Querétaro recibe cada vez más turismo nacional e internacional, y muchos queretanos viajan constantemente al extranjero. Y a pesar de que “Querétaro no es una zona de alta sísmicidad” no estamos exentos. La pregunta ya no es si un desastre puede afectar un viaje. La pregunta es si estamos preparados para responder cuando ocurra.

Queridos lectores, para mi, el mejor souvenir de cualquier viaje sigue siendo regresar a casa. Y para lograrlo, a veces la mejor fotografía es la que nunca se tomó porque decidimos evacuar a tiempo.

Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022

Otorgado por la OMPT

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